Madrid, Infomadrid, 27-6-2008.- El Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio Mª Rouco Varela, presidió ayer por la tarde una solemne Eucaristía en la Catedral de la Almudena, en la festividad litúrgica de San Josemaría Escrivá de Balaguer. Con él concelebraron el Vicario de la Prelatura del Opus Dei en España y numerosos sacerdotes.

En su homilía, el Cardenal calificó a San Josemaría como “un santo de nuestro tiempo”, que quiso iluminar “el camino de la Iglesia, de los cristianos y de los hombres del siglo XX y de inicios del siglo XXI y del tercer milenio” en torno a “la vocación universal para la santidad y la vocación universal para el apostolado”. En 1928 fundó el Opus Dei para recordar a la Iglesia que “todo cristiano estaba llamado a la santidad”. La figura sacerdotal de San Josemaría Escrivá de Balaguer, dijo, surgió en un tiempo en el que “muchas de las realidades de la sociedad, de la cultura, normalmente llevadas a cabo por los laicos, necesitaban un plus de santificación que quizá en otras épocas no parecía tan urgente”. En esa época, señaló, había que “llevar el Evangelio y la Salvación de Cristo a esos hombres, a esas sociedades y a ese mundo donde el choque entre el plan de Dios y la soberbia del hombre había sido tan clamoroso”. Para ello, hacía falta “que los seglares sintiesen que tenían que aspirar a realizar el plan de Dios en sus vidas plenamente, aspirar a ser santos. Y tenían que estar decididos a ser testigos del don y de la gracia recibida, dispuestos a ser apóstoles”.

Hoy, prosiguió, “sigue esa pugna de los hombres que quieren oponer la misión de la persona, de sus formas básicas de vida y de desarrollo, el matrimonio y la familia, la concepción incluso de la sociedad y de la comunidad política en contra y al margen del plan de Dios. Y también nos encontramos con un sistema de costumbres y de hábitos que envuelven a los jóvenes y a las personas, que les impiden descubrir el amor de Dios”. Para “hacer ver al hombre que es el fruto de un plan de Dios”, dijo, hay que vivir cada uno su vida “en su vocación, y de una forma muy específica y singular los seglares, como hijos de Dios, llamados a ser testigos de la presencia y de la fuerza redentora del Espíritu del Señor y de Él mismo, de su Cruz”.

Pidió al Señor, “por intercesión de San Josemaría, que volvamos a retomar con vigor, con ilusión, el propósito de hacer de nuestras vidas un camino de santidad, en el que el encuentro con Cristo lo centre todo, lo signifique todo en nuestra vida, de una manera muy especial y urgente”. “Que se conozcan los testigos, los apóstoles de Cristo, también en sus ámbitos de la sociedad, de la comunidad política, de la cultura”, porque “somos testigos, creíbles, que tratamos de realizar nuestra vocación en plenitud de respuesta al Señor”.

Concluyó exhortando a los presentes a “ser fieles a la vocación, a la santidad a la que estamos llamados, y ser fieles a la vocación a la forma de apostolado a la que hemos sido llamados”.

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