Madrid, Infomadrid, 29-9-2008.- El Templo de las Salesas Reales, situado en la Parroquia de Santa Bárbara ha sido el lugar escogido, un año más, para celebrar una solemne Eucaristía con motivo de la apertura del Año Judicial, presidida por el Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela.
En su homilía, el arzobispo de Madrid ha recordado que el cántico latino “Veni Creator’, con el que ha comenzado la celebración, es un himno milenario, que concluye invocando al Dios Uno y Trino, “destaca la importancia de Dios en la Historia del hombre”. Conviene señalar que, a pesar del racionalismo que surgió en los siglos XVII y XVIII, desarrollado posteriormente en las corrientes filosóficas del XIX y del XX, y pese a lo que muchos piensan, “Dios no es un ser estático y lejano, sino que es un Dios vivo. Un Dios que nos ama”.
Además manifestó que a día de hoy son múltiples las formas que caracterizan el paisaje social de nuestro país pero, “al final, lo que importa es saber vivir de forma que la Gloria de Dios esté en nuestra vida y nosotros podamos participar de la Gloria de Dios”. Para el Cardenal, Dios sigue siendo “poderoso, pero no porque sea capaz de desplegar una gran fuerza física como nosotros la entendemos, sino, sobre todo, porque es rico en Misericordia”.
En la fiesta de los Santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael, el Arzobispo de Madrid no quiso dejar pasar la ocasión para recordarlos, y apuntó que “los niños reconocen la existencia de los ángeles mejor que los mayores”, a pesar de que “su presencia es desbordante en el Antiguo y el Nuevo Testamento: el Arcángel Miguel nos coloca en la primera muestra de misericordia de Dios; Gabriel ante la Encarnación del Hijo; y Rafael como guía en la ceguera y el camino del matrimonio”.
Al finalizar su homilía, el Cardenal pidió a los jueces y magistrados presentes en la Misa que practiquen la justicia, en su trabajo diario, “atemperada por la misericordia”, ya que ésta “necesita siempre ser vivida con la sensibilidad de la voluntad de Dios, que es justa y misericordiosa”. Por tanto, “la Justicia humana necesita de la misericordia y de la dulzura”.
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