Archivo de Septiembre, 2008

Madrid, Infomadrid, 29-9-2008.- “Los derechos humanos en Europa: a los 60 años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos”, es el título del Congreso que organiza el Instituto Superior de Estudios Europeos y Derechos Humanos de la UPSA que dirige José-Román Flecha Andrés, y el patrocinio del Pontificio Consejo “Justicia y Paz”. El congreso que se va a celebrar del 9 al 11 de octubre de 2008 en la Universidad Pontificia de Salamanca, está dirigido a toda la comunidad universitaria, así como profesores no universitarios y a todas aquellas que estén vinculadas con los derechos humanos. Información: 923 277 142 y www.europa.upsa.es.

En este año 2008 se cumplen 60 años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. El Instituto Superior de Estudios Europeos y Derechos Humanos se une a esta celebración dedicando su congreso anual a los Derechos Humanos en Europa. Se pretende así seguir promoviendo la investigación y dar difusión a este tema, cumpliendo de este modo los objetivos del Instituto desde su creación en 1982.

Esta nueva actividad se inserta dentro del Master en Estudios Europeos y Derechos Humanos que imparte éste. En esta ocasión, el congreso está especialmente vinculado al IV Módulo del mismo: Derechos Humanos en Europa.

Este congreso va destinado a la comunidad universitaria, a profesores no universitarios, así como a todas aquellas personas vinculadas con los Derechos Humanos, tanto en España como en el extranjero, y al público en general interesado en estos temas. Se oferta este congreso como actividad de libre elección para la propia comunidad universitaria. Está igualmente abierto a profesores de los centros afiliados de la Universidad Pontificia. Se admiten comunicaciones de profesores, doctorandos y alumnos del Posgrado en Estudios Europeos y Derechos Humanos.

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Sevilla, ODISUR, 29-9-2008.- La Iglesia Colegial del Divino Salvador acogerá la tradicional misa con motivo del comienzo del curso pastoral 2008-2009 de la archidiócesis de Sevilla. La Misa será presidida por el cardenal arzobispo de Sevilla, Mons. Carlos Amigo Vallejo, el miércoles, 1 de octubre.

A la misa, que comenzará a las siete de la tarde, han sido invitados todos los miembros de las delegaciones diocesanas, instituciones formativas, movimientos y asociaciones laicales, y demás organismos de la Archidiócesis.

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Badajoz, OMPRESS, 29-9-2008.- La Delegación Episcopal para la Cooperación Misionera y Obras Misionales Pontificias de la diócesis de Mérida-Badajoz han presentado la Memoria 2007-2008 y una pequeña publicación donde se orienta cómo vivir el mes de octubre de una forma plena y misionera.

En la memoria se detalla toda la actividad misionera del pasado curso así como ingresos, gastos y distribución de los mismos. Se aprovecha la ocasión para agradecer a todos los que colaboran con Obras Misionales Pontificias y con la Delegación para la Cooperación Misionera y a todos los que de cualquier forma han colaborado con la misión "ad gentes" de la Iglesia.

La publicación dedicada al octubre misionero que lleva por título el lema del Domund de este año "Como Pablo, misionero por vocación", se abre con una reflexión sobre este año paulino y sobre la importancia del apóstol Pablo, escrita por Mons. Francisco Pérez, arzobispo de Pamplona-Tudela y director nacional de las Obras Misionales Pontificias de España. "No puede haber cristianismo verdadero si no hay un estilo de vida que ayuda a realizar el mandamiento nuevo que es el amor al prójimo. El rostro del hermano se confunde con el rostro de Cristo. Y esta distinción será el carné de identidad puesto que en la caridad, en el amor, se conocerá al auténtico discípulo de Jesucristo", dice el arzobispo en estas primeras páginas.

Este folleto dedicado al octubre misionero incluye unas pautas, oraciones, citas evangélicas e intenciones misioneras para seguir día a día el mes misionero por excelencia.

Para más información o solicitar dicha publicación: 924 222 847; misiones@archimeridabadajoz.org

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Ciudad del Vaticano , 26-9-2008.- Publicamos el discurso que dirigió Benedicto XVI este viernes al recibir a los participantes en el encuentro internacional del movimiento Retrouvaille.

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Venerados hermanos y hermanas en el episcopado y en el sacerdocio,

queridos hermanos y hermanas:

Os doy la bienvenida con alegría, con motivo del encuentro mundial del movimiento Retrouvaille. Os saludo a todos vosotros, esposos y presbíteros, junto a los responsables internacionales de esta asociación que desde hace más de treinta años trabaja con gran entrega al servicio de las parejas en dificultad. Saludo en particular al cardenal Ennio Antonelli, presidente de Consejo Pontificio para la Familia, y le doy las gracias por sus corteses palabras, así como por haberme ilustrado las finalidades de este movimiento.

Me ha impresionado, queridos amigos, vuestra experiencia que os pone en contacto con familias marcadas por la crisis del matrimonio. Reflexionando en vuestra actividad, una vez más he podido ver el "dedo" de Dios, es decir, la acción del Espíritu Santo, que suscita en la Iglesia respuestas adecuadas a las necesidades y a las emergencias de todas las épocas. Ciertamente en nuestros días la separación y los divorcios se han convertido en una emergencia muy sentida. Por tanto, fue providencial la intuición de los cónyuges Guy y Jeannine Beland, en 1977, de ayudar a las parejas en grave crisis a afrontarla por medio de un programa específico, cuyo fin es reconstruir sus relaciones, no como una alternativa a las terapias psicológicas, sino como un camino distinto y complementario. De hecho, vosotros no sois profesionales; sois esposos que a menudo han vivido en primera persona las mismas dificultades, las han superado con la gracia de Dios y el apoyo de Retrouvaille y han experimentado el deseo y la alegría de poner, a su vez, la propia experiencia al servicio de los demás. Entre vosotros hay varios sacerdotes que acompañan a los esposos en su camino, partiendo para ellos la Palabra y el Pan de la vida. "Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis" (Mateo 10,8): constantemente hacéis referencia a estas palabras de Jesús dirigidas a sus discípulos .

Como demuestra vuestra experiencia, la crisis conyugal –estamos hablando de crisis serias y graves– constituye una realidad con dos caras. Por una parte se presenta, especialmente en su fase aguda y más dolorosa, como un fracaso, como la prueba de que el sueño ha terminado o se ha transformado en una pesadilla y, por desgracia, "no hay nada que hacer". Esta es la cara negativa. Pero hay otra cara, que nosotros desconocemos con frecuencia, pero que Dios ve. Toda crisis, de hecho, nos lo enseña la naturaleza, constituye el paso a una nueva fase de la vida. Si bien en el caso de las criaturas inferiores esto sucede de manera automática, en el ser humano implica la libertad, la voluntad y, por tanto, una "esperanza más grande" que la desesperación. En los momentos más oscuros, los cónyuges han perdido la esperanza; entonces se da la necesidad de otras personas que la custodien, de un "nosotros", de una compañía de auténticos amigos que, con el máximo respeto, pero también con sincera voluntad de bien, estén dispuestos a compartir algo de su propia esperanza con quien la ha perdido. Pero no de manera sentimental o superficial, sino organizada y realista. De este modo, en el momento de la ruptura, ofrecéis a la pareja una referencia positiva en la que confiar frente a la desesperación. De hecho, cuando la relación degenera, los cónyuges caen en la soledad, tanto individual como de pareja. Pierden el horizonte de la comunión con Dios, con los demás y con la Iglesia. Entonces, vuestros encuentros ofrecen el "agarradero" para no perderse totalmente, y para volver a subir poco a poco la cuesta. Os veo como a custodios de una esperanza más grande para los esposos que la han perdido.

La crisis, por tanto, concebida como momento de crecimiento. Desde esta perspectiva se puede leer la narración de las bodas de Caná (Juan 2, 1- 11). La Virgen María se da cuenta de que los esposos "ya no tienen vino" y se lo dice a Jesús. Esta falta de vino hace pensar en el momento en el que, en la vida de pareja, termina el amor, se agota la alegría y se derrumba el entusiasmo del matrimonio. Después de que Jesús transformó el agua en vino, felicitaron al esposo pues, según decían, había guardado hasta ese momento "el vino bueno". Esto significa que el vino de Jesús era mejor que el anterior. Sabemos que este "vino bueno" es símbolo de la salvación, de la nueva alianza nupcial, que Jesús ha venido a realizar con la humanidad. Y precisamente de ésta es sacramento todo matrimonio cristiano, incluso el más frágil y vacilante, y puede encontrar, por tanto, en la humildad la valentía para pedir ayuda al Señor. Cuando una pareja en dificultad o –como demuestra vuestra experiencia– incluso ya separada, se encomienda a María y se dirige a Aquél que ha hecho de los dos "una sola carne", puede estar segura de que la crisis se convertirá, con la ayuda del Señor, en un momento de crecimiento, y que el amor quedará purificado, madurado, reforzado. Esto sólo lo puede hacer Dios, que quiere servirse de sus discípulos como de válidos colaboradores para acercarse a las parejas, escucharlas, ayudarlas a redescubrir el tesoro escondido del matrimonio, el fuego que ha quedado sepultado bajo las cenizas. Reaviva y hace que vuelva a arder la llama; ciertamente no como en el enamoramiento, sino de una manera diferente, más intensa y profunda: ahora bien, es siempre la misma llama.

Queridos amigos que habéis querido poneros al servicio de los demás en un campo tan delicado: os aseguro mi oración para que vuestro compromiso no se convierta en mera actividad, sino que sea siempre, en el fondo, testimonio del amor de Dios. Vuestro servicio va "contra la corriente". Hoy, de hecho, cuando una pareja entra en crisis, se encuentra con muchas personas dispuestas a aconsejar la separación. Incluso a los esposos casados en el nombre del Señor se les propone con facilidad el divorcio, olvidando que el hombre no puede separar lo que Dios ha unido (Cf. Mateo 19,6; Marcos 10,9). Para desempeñar vuestra misión también vosotros tenéis necesidad de alimentar continuamente vuestra vida espiritual, poner amor en lo que hacéis para que, al entrar en contacto con realidades difíciles, vuestra esperanza no se agote y no quede reducida a una fórmula. Que en esta delicada obra apostólica os ayude a la Sagrada Familia de Nazaret, a quien confío vuestro servicio, y especialmente los casos más difíciles. Que esté a vuestro lado María, Reina de la familia, mientras os imparto de corazón la bendición apostólica a vosotros y a todos los que adhieren al movimiento Retrouvaille.

[Traducción del original italiano por Jesús Colina

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Ciudad del Vaticano, 25-9-2008.- El cardenal Zenon Grocholewski, el arzobispo Jean-Louis Bruguès, O.P., y monseñor Angelo Vincenzo Zani, respectivamente prefecto, secretario y subsecretario de la Congregación para la Educación Católica, presentaron este mediodía en la Oficina de Prensa de la Santa Sede la “Instrucción sobre los Institutos Superiores de Ciencias Religiosas”.
 
  El texto, que se ha publicado en inglés, francés, español e italiano, consta de tres partes: fisonomía de los Institutos, procedimiento para su erección y normas finales.
 
  Los Institutos Superiores de Ciencias Religiosas (ISCR),  “tienen como fin -se lee en el documento- promover la formación religiosa de los laicos y de las personas consagradas, para una participación más consciente y activa en las tareas de evangelización en el mundo actual, favoreciendo también la asunción de empeños profesionales en la vida eclesial y en la animación cristiana de la sociedad; preparar a los candidatos para los diferentes ministerios laicales y servicios eclesiales; cualificar a los docentes de religión en las escuelas de diferente orden y grado, exceptuando las Instituciones de nivel universitario”.
 
  “Todos los docentes, de cualquier categoría -dice el texto-, tienen que distinguirse siempre por la idoneidad científico-pedagógica, la honestidad de vida, la integridad de doctrina, la dedicación al propio deber, de modo tal que puedan contribuir eficazmente al logro de los objetivos propios del Instituto. La enseñanza tendrá que estar orientada a la adhesión a la divina Revelación, a la fidelidad al Magisterio de la Iglesia y al respeto de la verdad científica”.
 
  Por lo que respecta a los estudiantes, se afirma que el ISCR “está abierto a todos los fieles católicos -laicos y  religiosos- que, dotados de un certificado en regla, e idóneos por la conducta moral y por los eventuales estudios previos, deseen tener una preparación cualificada en Ciencias Religiosas”.
 
  El objetivo de la nueva instrucción, que sustituye a la precedente normativa de 1987 también emanada por la Congregación para la Educación Católica, es “uniformar -dijo el cardenal Grocholewski- los diferentes ISCR presentes en la Iglesia universal, asegurar un adecuado nivel académico-científico de los mismos, en fidelidad al Magisterio, y responder a los requerimientos que las Iglesias particulares manifiestan, de crear tales Institutos “ex-novo”.
 
  El purpurado afirmó que las principales novedades conciernen “a la duración de los estudios de los ISCR, que ahora es de cinco años, estructurados en dos ciclos: un primer ciclo de tres años, al final del cual se obtiene el bachillerato en Ciencias Religiosas y un segundo ciclo de dos años, al final del cual se consigue la Licencia en Ciencias Religiosas. En la antigua normativa sin embargo estaba previsto un solo ciclo de estudios de cuatro años”.
 
  Otras novedades, continuó el purpurado, tienen que ver con “la extensión a estos institutos de la nomenclatura de los títulos académicos utilizados en las facultades eclesiásticas (el bachillerato y el título de Licenciado y no el de “Magisterio”) y el hecho de que por primera vez se ha establecido el número necesario de profesores estables en cada instituto (deben ser al menos cinco, y si el instituto tuviese solo el primer ciclo, al menos cuatro). También se subraya la “necesidad de un número suficiente de estudiantes ordinarios en cada instituto (que normalmente no debe ser inferior a 75) y que los profesores de los institutos no pueden ser contemporáneamente estables en otras instituciones académicas. Por último se precisan mejor las competencias y las tareas de las autoridades académicas; las que son comunes a la facultad de Teología (Gran Canciller, Presidente o Decano, Consejo de Facultad) y las propias del Instituto (Moderador, Director y Consejo de Instituto).
 
  En su intervención, el arzobispo Bruguès explicó que el documento que se presenta esta mañana "sigue el curso de una de las grandes intuiciones del concilio Vaticano II: la valorización del laicado". Para que los laicos puedan efectuar los servicios que les son propios, desde "la catequesis y la enseñanza en las escuelas y universidades católicas", hasta "la asunción de responsabilidades en los movimientos de acción católica y en los medios de comunicación de inspiración cristiana (…) deben recibir una formación  adapta. Tienen el derecho de solicitarla y la Iglesia tiene el deber de proponérsela".
 
  Para ese fin se ha seguido el principio siguiente, prosiguió el prelado, "los estudiantes clérigos recibirán la formación que dispensan las facultades eclesiásticas y los laicos están invitados a dirigirse a los Institutos Superiores de Ciencias Religiosas". Son "dos recorridos diversos que "se diferencian sobre todo por la naturaleza de la enseñanza y las etapas  de la formación". Del programa reservado a los laicos se espera que "brinde una nueva ocasión para participar en la profundización de la verdad y que efectúe una síntesis entre la fe de la Iglesia, evidentemente de alcance universal y las culturas particulares de las Iglesias locales", apuntando siempre a "una formación basada en la excelencia".
 
  Concluyó la presentación monseñor Zani, que tras pasar revista a la situación de los Institutos Superiores de Ciencias Religiosas en el mundo, afirmó que "no se puede pretender limitar forzosamente a un único modelo rígido de formación para los laicos la pluralidad y la diversidad de las instituciones formativas existentes, muchas de las cuales están reconocidas por la Santa Sede".
 
  "De cualquier forma, es necesario que cuando se crean instituciones académicas cuyo fin es conferir títulos eclesiásticos, reconocidos también en ámbito civil, se respeten los dos criterios fundamentales de la declaración conciliar “Gravissimum educationis”: distribuir las instituciones de estudios superiores de forma conveniente en las diversas partes del mundo y garantizar la calidad académica y el elevado compromiso cultural".

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Nueva York, 26-9-2008.- La Santa Sede ha lanzado la cuestión de cómo es posible encontrar fondos para salvar un sistema financiero roto mientras que parece imposible individuar una menor cantidad de recursos para invertir en el desarrollo de todas las regiones del mundo.

Esta fue la "cuestión urgente" suscitada por el arzobispo Celestino Migliore, observador permanente de la Santa Sede ante Naciones Unidas, en una reunión de alto nivel sobres los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM).

Los ODM, establecidos en 2000, tenían un horizonte de cumplimiento marcado por la fecha de 2015. Incluyen compromisos para afrontar el hambre, la falta de educación, desigualdad, salud materno-infantil, daños medioambientales y el vih/sida Sin embargo, con los actuales índices de progreso, los objetivos no se alcanzarán.

En este sentido, el arzobispo Migliore afirmó: "El logro de estos objeticos está estrechamente relacionado con el respeto por los derechos humanos. Mientras que los objetivos son en último término compromisos políticos, los derechos humanos inscritos en cada objetivo hacen que lograrlos sea una responsabilidad social y moral".

"Estamos faltando a nuestra palabra, y más importante, la gente de todo el mundo que nos mira como líderes, está perdiendo la esperanza y la confianza", dijo el prelado.

El arzobispo Migliore reconoció que se han hecho progresos y algunos de los países menos desarrollados han experimentado mejoras.

"No obstante, los recientes altos índices de crecimiento económico en muchos Países Menos Adelantados (PMA) no ha contribuido suficientemente a afrontar la situación de pobreza generalizada -dijo–. Los PMA siguen a la cola y con un grave retraso para llegar a alcanzar los objetivos establecidos por la Declaración del Milenio, y en algunos casos lograr estos objetivos parece imposible".

Sin embargo, el representante de la Santa Sede afirmó: "Los PMA se lograrán sólo si su cumplimiento se convierte en una prioridad para todos los estados".

Para que esto suceda, hizo un llamamiento a "una nueva cultura de las relaciones humanas marcada por una visión fraterna del mundo, una cultura basada en el imperativo moral del reconocimiento de la unidad de la humanidad y el imperativo práctico de dar una aportación a la paz al bienestar de todos".

El arzobispo Migliore indicó que "el dinero y los recursos que los PMA necesitan en término de ayuda directa, asistencia financiera y ventajas comerciales son más escasos que los gastos militares mundiales o todos los gastos en necesidades no básicas de las poblaciones de los países más desarrollados".

En este contexto, el arzobispo suscitó una cuestión: "En estos días asistimos a un debate sobre un rescate económico dirigido a resolver una crisis que corre el riesgo de trastornar la economía de los países más desarrollados y dejar a miles y miles de familias sin trabajo".

"Este rescate de enormes proporciones, con importes que superan en muchas veces el de la ayuda internacional mundial, no pueden dejar de suscitar una cuestión urgente. ¿Cómo somos capaces de encontrar fondos para salvar un sistema financiero roto y en cambio seguimos siendo incapaces de hallar los recursos necesarios para invertir en el desarrollo de todas las regiones del mundo, empezando por las más desprovistas?".

El arzobispo también hizo un llamamiento a las Naciones Unidas para que permanezcan centradas en las prioridades: "Con sólo siete años que quedan para el final de la campaña de los ODM, es importante que nos centremos en los objetivos de la Declaración del Milenio que fueron aprobados por los jefes de Estado -dijo–. El debatir y crear nuevas metas, como la salud sexual y reproductiva, corre el riesgo de introducir prácticas y políticas en detrimento de la dignidad humana y el desarrollo sostenible, distrayendo nuestra mirada de los objetivos originales y desviando los recursos necesarios de las necesidades más básicas y urgentes".

Traducido del inglés por Nieves San Martín

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