Archivo de Enero, 2009

Madrid, Infomadrid, 30-1-2009.- Los días 6, 7 y 8 de febrero, y 6, 7 y 8 de marzo, se celebrarán sendas tandas de ejercicios espirituales para catequistas en la Casa «La Cerca» de los Molinos. Los Ejercicios comenzarán el viernes por la noche, y se prolongarán hasta el domingo después de la comida.

Inscripciones y más información en el teléfono 91454 64 45.

– Delivered by Feed43 service

Ciudad del Vaticano, 29-1-2009.- Recibiendo este jueves por la mañana en audiencia a los miembros del Tribunal de la Rota Romana, con ocasión de la solemne inauguración del Año judicial, Benedicto XVI ha advertido contra el peligroso aumento de las declaraciones del nulidad matrimonial con el pretexto de la inmadurez psíquica.

En su reflexión, el Pontífice hizo referencia a dos discursos pronunciados por Juan Pablo II sobre esta cuestión (5 de febrero de 1987 y 25 de enero de 1988), constatando la “gran actualidad” de este problema y la necesidad de que el juez acuda a la ayuda de peritos a la hora de comprobar la existencia de una incapacidad real.

Es necesario, explicó, preservar a la comunidad eclesial “del escándalo de ver destruido en la práctica el valor del matrimonio cristiano por la multiplicación exagerada y casi automático de las declaraciones de nulidad, en caso de fracaso del matrimonio, con el pretexto de cierta inmadurez o debilidad psíquica del contrayente”.

A propósito de esto, el Papa ha exhortado a los agentes del derecho a “tratar las causas con la debida profundidad que requiere el ministerio de verdad y de caridad que es propio de la Rota Romana”, recordando la improtante distinción “entre una madurez psíquica que sería el punto de llegada del desarrollo humano, y la madurez canónica, que es en cambio el punto mínimo de partida para la validez del matrimonio”.

El Pontífice puso el acento en la diferencia entre “incapacidad” y “dificultad” – en cuanto que sólo la primera hace nulo en matrimonio–; “entre la dimensión canónica de la normalidad, que inspirándose en la visión integral de la persona humana, comprende también formas moderadas de dificultad psicológica, y la dimensión clínica que excluye del concepto de normalidad toda limitación de la madurez y toda forma de psicopatología”.

El Santo Padre ha llamado por tanto a discernir “entre la capacidad mínima, suficiente para un válido consenso, y la capacidad idealizada de una madurez plena en orden a una vida conyugal feliz”.

El concepto de “incapacidad”

Entre las diversas causas de nulidad por innmadurez psíquica, se incluyen todas aquellas causas que pueden haber comprometido en uno de los dos cónyuges la capacidad consensual para asumir y cumplir las obligaciones fundamentales del matrimonio.

En estos casos entran: la falta de suficiente uso de razón, en el que el sujeto que presenta una grave alteración de las facultades psíquicas no es consciente de su propio estado y no puede autodeterminarse libremente; o también el llamado “defecto de discreción de juicio” en el que el sujeto, es consciente de su estado y no pierde la racionalidad necesaria, como las formas graves de neurosis y de psicopatías.

La incapacidad de asumir y cumplir las obligaciones esenciales del matrimonio puede ser también provocada por toxicodependencia o alcoholismo, o también ser producto de perversiones o afecciones de carácter sexual.

Las definiciones que ofrecen los canonistas de los disturbios de la personalidad se acercan a las formuladas en las ediciones del Manual Estadístico y Diagnóstico de las Enfermedades Mentales, elaborado por la Sociedad Americana de Psiquiatría (DSM).

El DSM las subdivide fundamentalmente en tres grupos: extraño-excéntrico (disturbios paranoides, esquizoides y esquizotípicos de la personalidad); amplificativo-emotivo (disturbios antisociales, borderline, histriónico y narcisista); ansioso-miedoso (disturbios de personalidad evasiva, dependiente y obsesivo-compulsiva). A estos tres grupos se añade una categoría residual, denominada disturbios de la personalidad no especificados o “mixta”.

Con todo, la cuestión de la naturaleza psicopatológica de los disturbios de la personalidad es relevante desde el punto de vista canónico sólo si la presencia de una seria forma de anomalía clínica incide sobre las facultades naturales de la persona, es decir, sobre la inteligencia y la voluntad.

El hombre es capaz de casarse

En la audiencia a los miembros de la Rota Romana, el Papa ha subrayado en primer lugar la necesidad de “redescubrir en positivo la capacidad que en principio toda persona humana tiene de casarse en virtud de su misma naturaleza de hombre o de mujer”.

Seguidamnete, ha puesto en guardia contra el riesgo, en la sociedad actual, de “caer en un pesimismo antropológico que, a la luz de la situación actual cultural, considera casi imposible casarse”.

“Aparte del hecho de que esta situación no es uniforme en las diversas regiones del mundo -observó-, no se pueden confundir la incapacidad consensual con las dificultades que atraviesan muchos, especialmente los jóvenes, llegando a considerar la unión matrimonial como normalmente impensable e impracticable”.

“Al contrario -precisó-, la reafirmación de la innata capacidad humana al matrimonio es precisamente el punto de partida para ayudar a las parejas a descubrir la realidad natural de matrimonio y la relevancia que tiene en el plano de la salvación”.

“La capacidad debe ponerse en relación con lo que es esencialmente el matrimonio, es decir, la íntima comunión de vida y amor conyugal, fundada por el Creador y estructurada con leyes propias y, de modo particular, con las obligaciones esenciales inherentes a ella”.

Dentro de las obligaciones esenciales del estado conyugal se incluye el consortium vitae o también el ius ad vitae communionem, que se identifica con la ayuda mutua, no sólo práctica o desde el punto de vista de la intimidad sexual, sino también en el sentido más amplio y profundo, que orienta hacia el bien de los cónyuges exaltando su dimensión oblativa.

La capacidad del matrimonio, ha continuado el Papa, “no se mide en relación con un determinado grado de realización existencial o efectiva d ella unión conyugal mediante el cumplimiento de las obligaciones esenciales, sino en relación con la voluntad eficaz de cada contrayente que hace posible y operante esta realización ya en el momento del pacto nupcial”.

De la misa forma, recordó cómo algunas corrientes antropológicas “humanistas”, orientadas “a la autorrealización y a la autotrascendencia egocéntrica”, idealizan hasta tal punto a la persona humana y al matrimonio que acaban por “negar la capacidad psíquica de muchas personas, fundándola en elementos que no corresponden a las exigencias esenciales del vínculo conyugal”.

Frente a estas concepciones, los expertos del derecho eclesial deben tener en cuenta el “sano realismo” al que se refería Juan Pablo II, “porque la capacidad hace referencia al mínimo necesario para que los novios puedan entregar su ser de persona masculina y femenina para fundar ese vínculo al que está llamada la gran mayoría de los seres humanos”, concluyó el Papa.

Historia de la Rota

Las competencias del Tribunal de la Rota Romana, que tuvo su origen en la Cancillería Apostólica, fueron fijadas definitivamente por Benedicto XIV con la Constitución Iustitiae et pacis en 1747. Desde Gregorio XVI (1834) la Rota fue también tribunal de apelación para el Estado Pontificio, mientras que las causas pertinentes al fuero eclesiástico eran decididas preferentemente por las Congregaciones.

Las normas vigentes han sido aprobadas y promulgadas por Juan Pablo II el 7 de febrero de 1994.

La Rota Romana actúa como Tribunal de apelación y juzga: en segunda instancia, las causas definidas por los Tribunales ordinarios de primer grado y remitidas a la Santa Sede por legítima apelación; y también en tercera y ulterior instancia, las causas tratadas ya en apelación por la misma Rota o por otro Tribunal eclesiástico de apelación.

Además, es también Tribunal de apelación para el Tribunal eclesiástico de la Ciudad del Vaticano.

[Por Mirko Testa, traducción de Inma Álvarez]

– Delivered by Feed43 service

San Diego, 29-1-2009.- El diálogo es el “motor” de la integración de los inmigrantes en las sociedades de acogida, así lo afirmó el pasado martes monseñor Agostino Marchetto, Secretario del Consejo Pontificio para la Pastoral de Migrantes e Itinerantes.

El prelado intervino en la Universidad de San Diego (California) sobre el tema “Religión, migración e identidad nacional”, subrayando que las migraciones constituyen “un dramático signo de nuestra época atormentada”, “un vasto fenómeno que algunas instituciones y Gobiernos quisieran controlar o incluso detener porque no se dan cuenta de que se trata de un componente estructural de la realidad socioeconómica y política de la sociedad actual”.

Por esto, explicó, “es inútil intentar eliminar el fenómeno”, y es necesario en cambio “afrontarlo y concentrar todos los esfuerzos en responder a los desafíos que presenta e identificar los beneficios que puede aportar”, usando en primer lugar el instrumento del diálogo.

Cuando la gente emigra, explicó el arzobispo, “lleva consigo no sólo la capacidad de trabajar y de producir, sino también sus características personas, los tratos, la educación, las convicciones, las convenciones sociales, las costumbres, las tradiciones, las creencias, la religión”, es decir, “todos los elementos estables y duraderos, y también los mutables y contingentes, que caracterizan una cultura”.

El contraste que se verifica cuando los inmigrantes llegan a un país de cultura y tradición diversa “puede desorientar, sobre todo porque el inmigrante se ve distinto de la mayoría”.

Por esta razón, observó monseñor Marchetto, “la Iglesia católica ha subrayado la necesidad de preparar a las personas a la migración, a través de programas premigratorios de formación e instrucción, para que sean capaces de afrontar esta situación”.

Inmigrantes y sociedad de acogida

En un ambiente nuevo, los inmigrantes buscan generalmente compañía y seguridad en quienes proceden de su misma nación y cultura, pero”si no se abren lentamente a la vida y a la cultura de la sociedad de acogida, rechazando lo que creen que pone en peligro su identidad, pueden adoptar una postura cerrada, que lleva a la formación de guetos con sus compatriotas y, por desgracia, a su marginación”.

Al otro extremo se sitúa la adopción in toto de la cultura del país de acogida, “sin siquiera evaluar sus consecuencias sobre el propio estilo de vida”.

“Habiendo desatendido o inconscientemente suprimido la propia identidad cultural”, los inmigrantes “se convierten casi en una ‘copia’ de los residentes locales, privando a la sociedad de acogida de la contribución enriquecedora que su cultura habría podido aportarle”.

Frente a estas dos alternativas extremas, la solución mejor para la relación entre los inmigrantes y la población del país de acogida es “la vía de una auténtica integración, con una mirada abierta que rechace considerar sólo las diferencias entre inmigrantes y locales”, y que esté preparada para acoger las aportaciones positivas de todos.

El “motor” de este proceso, constató monseñor Marchetto, es el diálogo, porque la verdadera integración sucede cuando se verifica una interacción entre inmigrantes y población local “a nivel no sólo socioeconómico, sino también cultural”.

“Cuando se reconoce la contribución positiva del inmigrante a la sociedad de acogida, a través de su cultura y de sus talentos, el propio inmigrante está más motivado para encontrar un alto grado de interacción con la población local, y esto lleva a una sana integración cultural”, reveló.

El resultado de este diálogo, añade el prelado, es “un enriquecimiento recíproco de las culturas, y la sociedad se transforma en un mosaico en el que cada cultura tiene su propio lugar para componer un único dibujo, que se hace más hermoso a medida que aumenta la multiplicidad cultural”.

Cultura y religión

En su intervención, monseñor Marchetto subrayó también la existencia de “un fuerte vínculo cultural entre cultura y religión, como se puede ver por el hecho de que para algunas religiones a identidad religiosa y la cultural coinciden”.

“En realidad -admitió-, las migraciones internacionales se han convertido en una preciosa oportunidad no sólo para el diálogo entre las culturas, sino también para el interreligioso”, porque algunos países con antiguas raíces cristianas hospedan ahora a sociedades multiculturales.

En este contexto, es necesario garantizar a todos la libertad religiosa, como expresa el artículo 18 de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre. “Si la sociedad quiere beneficiarse de las migraciones internacionales -advirtió en arzobispo- debe respetar la libertad de los inmigrantes a profesar, practicar y también a cambiar su propia religión”.

Desde este punto de vista, el prelado ha recordado el principio de la reciprocidad, que debe entenderse “no sólo como una actitud para hacer reclamaciones, sino como una relación basata en el respeto recíproco y en la justicia en cuestiones jurídicas y religiosas”.

La reciprocidad, observó, “es también una actitud del corazón y del espíritu que nos permite vivir juntos con los mismos derechos y deberes”.

Solo de este modo, concluyó, se podrá ser conscientes de lo que habla el Papa Benedicto XVI en su Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2009, es decir, que “todos somos partícipes de un único proyecto divino, el de la vocación a constituir una única familia en la que todos -individuos, pueblos y naciones- regulen su comportamiento con los principios de la fraternidad y la responsabilidad” .

[Por Roberta Sciamplicotti, traducción de Inma Álvarez]

– Delivered by Feed43 service

Bostón, 29-1-2009.- Mientras Barack Obama, como nuevo presidente de Estados Unidos, se embarca en su nueva misión con el ánimo dar un viraje a la política estadounidense, muchos de los embajadores nombrados por la anterior Administración se disponen a regresar a su país.

La embajadora Mary Ann Glendon, que representó a Estados Unidos ante la Santa Sede, regresó ya a Boston, donde es profesora de Derecho en la Universidad de Harvard. La ex embajadora reanudará también su trabajo como presidenta de la Academia Pontificia de Ciencias Sociales.

En esta entrevista con ZENIT, Glendon ofrece algunas reflexiones sobre su mandato como embajadora en Roma, que duró menos de un año.

-Tras representar al Vaticano durante muchos años ¿cómo fue la experiencia de representar a Estados Unidos ante la Santa Sede?

Glendon: Como representante de la Santa Sede ante Naciones Unidas, me empeñé en el tipo de trabajo al que los juristas estamos acostumbrados, la abogacía centrada en temas específicos tales como objetivos de desarrollo y derechos humanos. Lo que hizo el puesto de embajadora ante la Santa Sede especialmente atrayente para mí fue su variedad. Prácticamente cada día traía nuevas experiencias y percepciones, dado que tanto los intereses del Vaticano como los de Estados Unidos tienen fines que abarcan el mundo entero.

La Santa Sede tiene relaciones diplomáticas con 177 países; su voz moral llega a casa cada rincón de la Tierra, y su red de parroquias, diócesis, y agentes de ayuda humanitaria, forman un extraordinario “puesto de escucha”. Gran parte de mi trabajo incluía también la “diplomacia oficial”, hablar y escribir sobre temas de interés común tanto para Estados Unidos como para la Santa Sede.

Y, por supuesto, era responsable de la administración diaria de una pequeña pero muy ocupada embajada. Para alguien como yo, que enseña en el campo internacional, fue un gran privilegio poder saber de primera mano sobre el Departamento de Estado (Ministerio de Exteriores) de Estados Unidos, el Cuerpo Diplomático de la Santa Sede y el arte de la diplomacia como se practica en esta época con tantos retos.

-¿Cuáles fueron sus mayores logros y desafíos durante su mandato como embajadora

Glendon: Me siento muy afortunada de haber servido en un momento en el que las relaciones entre Estados Unidos y la Santa Sede eran especialmente cercanas, como evidenció la histórica visita de Benedicto XVI a mi país en abril de 2008, y la extraordinaria hospitalidad mostrada hacia el presidente George Bush en su visita al Vaticano en junio.

No sólo el Papa y el Presidente compartieron un punto de vista común sobre un amplio abanico de temas sociales y culturales, sino que hubo una fuerte sintonía entre las visiones del Gobierno estadounidense y la Santa Sede sobre la importancia de reforzar el consenso moral global contra el terror (especialmente contra el uso de la religión como una justificación de la violencia); la promoción de los derechos humanos (especialmente la libertad religiosa); el fomento del diálogo interreligioso; y combatir la pobreza, el hambre y la enfermedad mediante partenariados entre el Gobierno e instituciones confesionales.

En nuestra creciente interdependencia en un mundo atravesado por conflictos, es un reto encontrar modos de hacer patentes y reforzar estos valores compartidos. Pero una oportunidad excelente para hacerlo fue la coincidencia este año del 25 aniversario de las relaciones diplomáticas formales entre Estados Unidos y la Santa Sede con el 60 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Dado que la declaración expresa tantos ideales a los que se han dedicado tanto Estados Unidos como la Santa Sede, la conjunción de estos aniversarios proporcionó muchas oportunidades de explorar y expandir el terreno común. Según esto, decidí que nuestra embajada patrocinara una serie de conferencias sobre varios aspectos de los derechos humanos. Me siento satisfecha de decir que hubo buena respuesta, y creo que ayudaron a profundizar la relación bilateral, al mismo tiempo que tuvimos acceso a nuevas audiencias con las más elevadas y mejores tradiciones estadounidenses.

-Usted dijo que pondría el acento sobre los derechos humanos en su cargo. ¿Al dejarlo, qué visión tiene de la situación de los mismos a nivel global?

Glendon: Echando una mirada al mundo contemporáneo, nadie puede negar que a la lucha por la libertad y dignidad humanas le queda un largo camino. Pero el movimiento pro derechos humanos que llegó a su cénit en la segunda mitad del siglo XX alcanzó impresionantes logros: desempeñó un papel importante en la caída de regímenes totalitarios en Europa Oriental y del ‘apartheid’ en Sudáfrica; ayudó a llevar los focos de la publicidad hacia abusos que de otro modo hubieran sido ignorados; y desacreditó de modo efectivo la asunción de que el trato de un estado a sus propios ciudadanos es exclusivamente asunto de ese estado. Como dijo Benedicto XVI en su discurso ante Naciones Unidas el año pasado, “Los derechos humanos han sido cada vez más presentados como el lenguaje común y el sustrato ético de las relaciones internacionales”.

Pero es lamentable decir que cuanto más ha mostrado su fuerza la idea de los derechos humanos, más intensa ha sido la lucha por capturar ese poder para diversos fines, de los cuales no todos respetan la dignidad humana. Los ideales basados en los derechos humanos están bajo el asalto directo de relativistas culturales y filosóficos que niegan que todos los valores son universales. Al mismo tiempo, están siendo minados indirectamente con la escalada de la exigencia de nuevos derechos, la difusión de enfoques selectivos del núcleo común de los derechos básicos, interpretaciones hiperindividualistas de los derechos, y el completo olvido de la relación entre derechos y responsabilidades.

-¿En sus encuentros con Benedicto XVI cuál queda como el más memorable?

Glendon: Ciertamente, nunca olvidaré la visita de Benedicto XVI a Estados Unidos, tan llena de momentos e imágenes muy impactantes, con cada discurso tan lleno de esperanza y ánimo, y tan perfectamente adaptados a la audiencia a la que iban dirigidos en primer término. Tras pasar un año en Roma, tembién me acordaré de los momentos de quietud, que revelaban especialmente el carácter pastoral de este hombre sabio y cortés, su don para hablar de Dios con los niños y los jóvenes, y sus cariñosas palabras paternales a los sacerdotes recién ordenados.

[Por Irene Lagan, traducido del inglés por Nieves San Martín]

– Delivered by Feed43 service

Madrid, Opus, 30-1-2009.- Muchas personas, en su mayoría jóvenes, solicitaban desde hacía tiempo la versión del website para móviles y agendas electrónicas. La versión móvil se genera dinámicamente y contiene algunas de las secciones más leídas de la página web del Opus Dei. La dirección para acceder a la edición móvil es www.opusdei.mobi o www.opusdei.es/movil

La página principal de la versión móvil contiene las últimas noticias publicadas y enlaces a las secciones "Qué es el Opus Dei", “Sobre San Josemaría” -que contiene su biografía, la estampa para rezar y textos suyos para cada día del año-, y la sección “Prelado”, que ofrece las últimas noticias sobre el Prelado del Opus Dei y sus cartas pastorales.

Además, en función de la capacidad del terminal del usuario se puede acceder a vídeos o descargar archivos en audio o pdf.

Con esta iniciativa, la Oficina de Información del Opus Dei pretende contribuir a los deseos de Benedicto XVI, que anima a “encontrar los caminos para difundir, con formas nuevas, voces e imágenes de esperanza a través de la red telemática que envuelve a nuestro planeta”.

Para facilitar el acceso, cuando se accede a la versión clásica desde un dispositivo móvil, se muestra automáticamente un enlace a la versión móvil al principio de la página principal.

En 2008 unos dos millones de visitantes únicos visitaron el website en España y accedieron a más de siete millones de páginas.

– Delivered by Feed43 service

Jerez, Odisur, 30-1-2009.- Las IV Jornadas Católicos y Vida Pública de la diócesis de Asidonia-Jerez cuentan ya con cartel cerrado de conferencias y mesas redondas que se desarrollarán durante los próximos días 6 y 7 de febrero. Tendrán lugar en el Palacio de Villapanés, en la Cruz Vieja, de Jerez de la Frontera.

Organizadas por la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP), cuentan con la colaboración de las delegaciones diocesanas de Apostolado Seglar, Pastoral Universitaria y Medios de Comunicación Social, así como de la Fundación San Pablo Andalucía CEU, cuya sede jerezana las acogerá.

Los tres grandes bloques que centran los contenidos de este año, con una conferencia y una mesa redonda en cada uno de los casos, se acercarán a la presencia de los cristianos en los movimientos eclesiales, en la educación y en la oración.

Las ponencias de cada una de estas partes de las Jornadas han sido confiadas a José Francisco Serrano Oceja, secretario de Relaciones con los Movimientos de la ACdP; Isabel Bazo Sánchez, presidenta de la Confederación Española de Centros de Enseñanza; y la misionera Lourdes Grosso García, teóloga y directora del Secretariado para la Vida Consagrada de la Conferencia Episcopal.

– Delivered by Feed43 service