Getafe, MCS, 28-2-2009.- Con gran solemnidad y asistencia de fieles se celebró en la Santa Iglesia Catedral de Santa María Magdalena de Getafe, una eucaristía en el quinto aniversario del fallecimiento de Mons. Francisco José Pérez y Fernández Golfín, Primer Obispo de la Diócesis de Getafe. Fue presidida por el Obispo diocesano, Mons. Joaquín María López de Andújar y Cánovas del Castillo; y concelebraron Mons. Rafael Zornoza Boy, Obispo Auxiliar, José María Avendaño y José Javier Romera, Vicarios Generales, Francisco Armenteros, Secretario Canciller; Alberto Royo, Delegado de las Causas de los Santos, y Ricardo Quintana Bescós, Delegado para las Causas de los Santos de Madrid, acompañados de cuarenta sacerdotes provenientes de los diversos municipios de la Diócesis y del Seminario de Getafe.
Mons. Joaquín Mª en su homilía manifestó que esta eucaristía es una acción de gracias a Dios por lo que la vida de D. Francisco significó y sigue significando para nosotros, porque “su única preocupación era llevar a los hombres la luz de Cristo”. Decía en sus escritos: “Salgamos al encuentro del hombre, no esperamos que acudan a nosotros: ¡Busquémosles!, no nos contentemos ni nos consolemos con los que están en el redil. Suframos con los que están en la lejanía, y no sólo por sus males físicos, sino también por esa lejanía de Dios, causa de tanto daño. Con el poder de Cristo podemos mirar al mundo con amor, con el amor que transforma y perdona”.
Al recordar hoy a D. Francisco en su quinto aniversario, pidiendo al Señor por el eterno descanso de su alma, fijémonos en su ejemplo, que sigamos su rastro de gran apóstol, porque según D. Francisco: “Sólo quien se siente inundado por el amor de Dios, es capaz de repartirlo a manos llenas”.
Tras la eucaristía, Ricardo Quintana Bescós, Delegado para las Causas de los Santos y Secretario personal de D. Francisco cuando era Obispo Auxiliar de Madrid (1985-1991) realizó una magnífica exposición en la conferencia titulada: “Pasión por el sacerdocio”, donde resaltaba la espiritualidad de D. Francisco a través de puntos basados en sus vivencias suyas como su secretario particular:
-Era un sacerdote que se siente sacerdote en todo lo que hacía y acontecía, sin descalificar a nadie, con unión y conciliación para todas las personas, del signo y escala social que fuese. Gran espiritualidad sacerdotal a través de la Liturgia de las Horas, con austeridad en sus asuntos propios.
-Tiempo ilimitado para todas las visitas, porque cada persona era para él un caso concreto: “A la persona hay que tratarla, en ese momento, como si no existiese nadie más que ella en el mundo”. Gran confianza en los sacerdotes y entrega por los jóvenes, sin olvidar el resto de los laicos, con gran espíritu sacerdotal cercano a las gentes.
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