Madrid, Infomadrid, 30-12-2009.- El Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio Mª Rouco Varela, visitó ayer por la mañana el Centro Penitenciario de Soto del Real, como viene siendo habitual todos los años por estas fechas, donde celebró una Eucaristía con presos, funcionarios y personal de la institución. Como novedad, la Cruz de la JMJ y el Icono de la Virgen fueron llevados en peregrinación, por jóvenes, hasta la Cárcel, donde permanecieron durante la mañana.

En su homilía, el Cardenal dijo que había acudido a celebrar la Navidad “aquí, con el gozo con que lo celebra toda la Iglesia y todo el mundo”, porque “la Navidad se puede celebrar en cualquier circunstancia de la vida. Unas más fáciles y agradables, y otras más complicadas, como os pasa a vosotros. Pero en todas las circunstancias de la vida se puede celebrar, con el mismo gozo con el que la celebran todos los creyentes del mundo”.

Explicó que “este año, además, traemos la novedad de acompañar esta celebración con la Cruz de la JMJ y el Icono de la Virgen”. A continuación, habló de la historia de las Jornadas Mundiales de la Juventud, creadas por el Papa Juan Pablo II, haciendo especial alusión a la que se celebró en Santiago de Compostela, en 1989, y que marcó un hito. Así, dijo, desde entonces, “todas las demás jornadas siempre han tenido la intención de que los jóvenes del mundo conociesen a Cristo como el Camino para su vida, como la Verdad que ilumina su vida, y como la Vida que les da verdadera vida. Eso queremos hacer también nosotros con nuestra Jornada de Madrid 2011, con un lema muy bonito: ‘Enraizados y edificados en Cristo, firmes en la fe’”. Cristo, dijo, siempre es “el centro de nuestras Jornadas Mundiales. Y para eso nos preparamos, para un gran encuentro con Él. Y hoy, en la celebración de la Eucaristía, y con la Cruz de la JMJ aquí, en este centro penitenciario, queremos deciros a todos los que estáis aquí que Él es el Camino, la Verdad y la Vida”.

Se preguntó para qué Dios quería hacerse hombre, respondiendo que “para que los hombres aprendiesen a ser, en primer lugar, hombres, seres humanos de verdad”, ya que gracias a Él “el hombre puede liberarse de lo peor que lleva en el fondo de su corazón y de su alma, y de toda la esclavitud que viene de fuera”. Jesús “vino a traer amor. Pero le costó la muerte, una muerte de Cruz. Por eso, la Cruz es un signo de liberación del corazón, del alma, para que el hombre pueda vivir su vida en clave de verdadero amor”. Y es que, señaló, “los hombres a veces no distinguimos una cosa de otra. Nos gusta que a través del amor podamos gozar de todo nuestro ser, pero a veces confundimos el placer con el amor. Entonces convertimos lo que podría ser un instrumento para el amor en un instrumento del odio, de la destrucción de nosotros mismos”.

Invitó a los presentes a encomendarse a la Virgen María “Madre del Amor Hermoso”, para que “vivamos en nuestra vida el amor hermoso. Se puede vivir aquí. Hay personas que viven fuera y viven infelices, desgraciadas, porque no se han liberado del odio en el fondo de su corazón. Seguramente, muchos de lo que vivís aquí os vais liberando de toda la fuerza del mal y del odio, y empezáis a vivir una forma de libertad interior que un día se traducirá en libertad exterior, y que os hará felices y realizados en vuestra vida”. Concluyó deseando que Jesús “nos traiga ese don de la vida nueva a cada uno de nosotros, a las personas que queremos, a los compañeros y compañeras con los que vivimos aquí, a todos los que ayudan a que la vida aquí sea lo más humana y lo más llevadera posible, para el bien de todos. Que esa vida nueva nos traiga la libertad del corazón y la libertad de toda nuestra persona”.

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