Archivo de Marzo, 2010

En aquel tiempo, de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue donde los sumos sacerdotes, y les dijo: «¿Qué queréis darme, y yo os lo entregaré?» Ellos le asignaron treinta monedas de plata. Y desde ese momento andaba buscando una oportunidad para entregarle. El primer día de los Azimos, los discípulos se acercaron a Jesús y le dijeron: «¿Dónde quieres que te hagamos los preparativos para comer el cordero de Pascua?» Él les dijo: «Id a la ciudad, a casa de fulano, y decidle: “El Maestro dice: Mi tiempo está cerca; en tu casa voy a celebrar la Pascua con mis discípulos.”» Los discípulos hicieron lo que Jesús les había mandado, y prepararon la Pascua. Al atardecer, se puso a la mesa con los doce. Y mientras comían, dijo: «Yo os aseguro que uno de vosotros me entregará». Muy entristecidos, se pusieron a decirle uno por uno: «¿Acaso soy yo, Señor?» Él respondió: «El que ha mojado conmigo la mano en el plato, ése me entregará. El Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado! ¡Más le valdría a ese hombre no haber nacido!» Entonces preguntó Judas, el que iba a entregarle: «¿Soy yo acaso, Rabbí?» Dícele: «Sí, tú lo has dicho».

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El rey Yezdigerd, hijo de Sapor II puso fin a la cruel persecución de los cristianos que había sido llevado al cabo en Persia durante el reinado de su padre. Sin embargo, el obispo Abdas con un celo mal entendido incendio el Pireo o templo del fuego, principal objeto del culto de los persas.

El rey amenazó con destruir todas las iglesias de los cristianos, a menos que el obispo reconstruyera el templo, pero éste se rehusó a hacerlo; el rey lo mandó a matar e inició una persecución general que duró 40 años.

Uno de los primeros mártires fue Benjamín, diácono. Después de que fuera golpeado, estuvo encarcelado durante un año, pero obtuvo su libertad gracias al embajador del Constantinopla y prometiendo bajo su responsabilidad que el santo se abstendría de hablar acerca de su religión.

Sin embargo, Benjamín declaró que él no podía cumplir tal condición y, no perdió la oportunidad de predicar el Evangelio. Fue de nuevo aprehendido y llevado ante el rey, quien lo sometió a crueles torturas, siendo luego decapitado.

BARCELONA, 30 Mar. 10 (ACI).- El Arzobispo de Barcelona (España), Cardenal Lluis Martínez Sistach, ante los casos de abusos sexuales cometidos por algunos miembros del clero, advirtió que los medios buscan “menospreciar los hechos y forzar las interpretaciones con la finalidad de golpear a cualquier precio a nuestro amado Santo Padre“.

SANTA CRUZ DE TENERIFE, 30 Mar. 10 (ACI/Europa Press).- El Obispo de Tenerife, Mons. Bernardo Álvarez, ha manifestado hoy durante la celebración de la Misa Crismal –celebrada ante unos 200 sacerdotes en la iglesia tinerfeña de La Concepción (actualmente sede catedralicia)– en el que alabó que los sacerdotes “sigan con la mano puesta en el arado a pesar de la dureza de la tierra y de la inclemencia del tiempo“.

Madrid, Infomadrid, 30-3-2010.- Esta mañana, el Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio Mª Rouco Varela, ha presidido la solemne Misa Crismal en una Catedral de la Almudena abarrotada de fieles –religiosos, religiosas y laicos- y que ha sido concelebrada por el Nuncio de Su Santidad en España, los Obispos Auxiliares de Madrid, el Cabildo Catedral, los Vicarios General y Episcopales y más de 600 sacerdotes del presbiterio diocesano.

Ha comenzado su homilía señalando que “hoy nos conviene de nuevo, ante el momento actual que vive la Iglesia y que vive la consideración de nuestro sacerdocio, volver la mirada en este Año Sacerdotal, junto al Santo Padre -al que nos sentimos muy unidos precisamente en estos días en que es tan ofendido y tan atacado-; mirar a la figura del sacerdote tal y como la ha querido el Señor. Y como instrumento de su amor y de su espíritu”. Para el Cardenal, “el Espíritu Santo es el que centra hoy la visión del sacerdocio, pero en relación estrecha con ese corazón de Jesús, con ese Cristo y con el misterio de su Pascua, del que surge esa efusión del Espíritu que invade la Iglesia y nos configura a todos como creaturas de Dios, Hijos adoptivos de Dios con una vocación, que es la de la santidad y la de la gloria”.

Ha explicado que “sacerdote, en la más novísima teología y en el magisterio que la ha alentado e iluminado desde el Vaticano II, pasando después por todos los documentos, aparece como el servicio que reciben algunos hijos de la Iglesia por vocación y llamada que, después, encuentra firmeza y don en el Sacramento del Orden, en la consagración recibida, para representar a Cristo como cabeza y sacerdote y pastor de la Iglesia”. “Esa forma visible, ha añadido, nos obliga a todos los sacerdotes a vivir nuestro sacerdocio como si fuere expresión visible y permanente del amor de Cristo o, de lo que es lo mismo, de la efusión del Espíritu Santo”. Y es que, ha proseguido, “somos ministros de la Palabra del Señor, somos ministros de sus sacramentos, somos los encargados de llevar a los fieles por el camino de la gracia y de la santidad. Y todo esto tenemos que llevarlo a cabo, vivirlo y realizarlo en medio del mundo; en medio del combate del mal que nos afecta a nosotros mismos y nos tienta como a todos los hijos de Dios y como a toda la humanidad. Que nos invita, por lo tanto, una y otra vez, a mirar a nuestras debilidades, a nuestros pecados y a nuestras infidelidades, y a saber acudir a Ese que lleva, desde la cruz, un corazón traspasado por la lanza del soldado y del que brota sangre y agua y, por lo tanto, amor misericordioso, sobreabundante, que inunda al mundo, anima al corazón de los hombres a pedirle perdón, a arrepentirnos, a cambiar de vida, a convertirnos y a emprender decididamente el camino de la santidad”.

En referencia a la carta del Papa con motivo del Año Sacerdotal, dijo que en ella el Santo Padre “nos recomienda profundizar en nuestra vida espiritual a no descuidarla, a mimarla. Y lo vuelve a hacer en la carta que ha dirigido a los católicos de Irlanda. Es la clave para que nuestra vida sea una vida en la que el amor de Cristo quede reflejado y servido por nuestro testimonio y el ejercicio de nuestro sacerdocio”.

Así, prosiguió, “la práctica de la confesión sacramental, la dirección espiritual, la oración diaria, el rezo del breviario transido de piedad personal y de afecto y de amor personal a Cristo, son la clave de nuestra fecundidad. Y también son la clave para que, después, esa fecundidad interior que se expresa en la Palabra y en los Sacramentos llegue a los fieles de una forma también personal y subjetiva mente convincente, porque le servimos; les servimos también a ellos para que encuentren el camino de la misericordia de Cristo, del perdón, de la penitencia, de la gracia y de la santidad. Todos estamos llamados a vivir nuestra vida con una vocación a la santidad. Y todos padecemos la misma condición, aún después de nuestro Bautismo: la de sentirnos tentados y combatidos por los poderes del mal, por el misterio de la iniquidad. Y todos necesitamos sentir muy cerca y muy visiblemente el amor de Cristo para poder caminar por el camino de la vida hacia la gloria y la salvación. Y con nosotros, el mundo”.

Y es que, señaló, “no es el caso de pensar que el destino de la sociedad puede apartarse del amor de Cristo. Si así lo hace, el camino de la historia será malo, estará empedrado de dificultades y de dolor, como lo vemos constantemente en nuestro tiempo: los problemas del paro, de la familia, de la infancia, de la juventud, del hambre en el mundo… en tantos problemas que afligen a la humanidad de nuestro tiempo. Sí, todos necesitamos caminar hacia el Cristo de la Cruz y hacia el Cristo de la Gloria”.

La Cruz de la JMJ
En su homilía, el Cardenal también hizo alusión a la Cruz de la JMJ que, desde el pasado mes de septiembre, ha estado peregrinando por la diócesis de Madrid, y que mañana estará presente en la celebración del Vía Crucis, en la Plaza de Oriente, antes de comenzar su peregrinación por las diócesis de Getafe, Alcalá, y por las demás diócesis españolas, hasta la celebración de la JMJ en Madrid, en agosto de 2011. Para el Cardenal, “la Cruz de Cristo caminará y peregrinará por toda España teniendo como momento culminante el segundo domingo de agosto en la peregrinación a Santiago de Compostela. Y luego, el momento final, en la Jornada Mundial de la Juventud de la tercera semana de agosto del año 2011”. “Es una peregrinación, más que un paseo triunfal. Es un camino, un itinerario pastoral, en el que la oración, la plegaria y la súplica marcan la actitud de los jóvenes, e invitan a toda la iglesia a seguir a Cristo. Es como una invitación que el Papa pone en nuestro camino, y la iglesia con él, para recordarnos que no hay ni cambio, ni vida, ni conversión, sin abrazo a la Cruz; que no hay renovación ni regeneración a fondo de la vida cristiana y, por lo tanto, camino de santidad, si no bebemos del amor de Cristo, y si no lo hacemos a través de su palabra y de sus sacramentos, el sacramento de la penitencia, de una forma muy especialmente necesaria para toda la iglesia, también para todos los sacerdotes y los obispos”.

Por ello, invitó a “pedir a la Virgen que los sacerdotes nos mantengamos firmes, al lado de Cristo”, porque “a todos nos pide el Señor fidelidad. Y nos lo pide a través de la fórmula del celibato sacerdotal: nadie está obligado a prometerlo desde el punto de vista humano, de las presiones humanas, y todos, tanto los consagrados como los sacerdotes del clero secular, a los que nos vincula la ley del celibato, pero libremente aceptada, gloriosamente acogida; y siempre intentando ser vivida fielmente como una expresión de nuestra entrega y como un medio y una fórmula para hacer, de nuestra vida, una vida de caridad pastoral, de caridad de pastores de la Iglesia que llevan a los hombres el amor y la caridad de ese Supremo Pastor, que es Cristo”, concluyó.

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Madrid, Infomadrid, 30-3-2010.- Con motivo del inicio del Triduo Pascual, el Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio Mª Rouco Varela, ha hecho público un texto en el que invita a sus diocesanos a vivir con provecho el Santo Triduo Pascual que “ocupa el lugar de preferencia entre todas las solemnidades del año litúrgico. En la Pascua del Señor, centro de toda la Historia de la Salvación, celebramos la muerte y resurrección de Cristo, momento culminante de su obra salvadora. Es el paso del pecado y de la muerte derrotada a la victoria del amor misericordioso y de la vida nueva en gracia y santidad. En la renovación de las promesas bautismales se actualizará aquella hora en la que cada uno de nosotros fuimos incorporados al Misterio de la nueva y definitiva Pascua de Cristo Resucitado”.

Explica que “las celebraciones del Triduo Pascual son ritos especiales, singulares, sencillos y solemnes a la vez, con un desarrollo propio de riquísimo contenido teológico, que exige una preparación catequética y ritual para que todos los signos y símbolos, palabras, cantos y silencio tengan verdad y expresividad litúrgica”.

“La celebración del sacramento de la penitencia antes de comenzar el Triduo Pascual nos descubre con una inequívoca nitidez doctrinal y espiritual el sentido bautismal y eclesial, propio del sacramento de la reconciliación y que la tradición y la praxis canónica y pastoral de la Iglesia ha reflejado siempre en ‘el precepto pascual’. La celebración de este sacramento –“la segunda tabla de salvación” para los Padres de la Iglesia– no debiera de faltar en nuestra programación pastoral”, señala.

“La Misa vespertina de la Cena del Señor inaugura el Santo Triduo Pascual. Es la celebración del memorial de la institución del Sacramento de la Eucaristía y del Sacerdocio ministerial. En este año, ‘Año Sacerdotal’, debe de ponerse de relieve con cuidada sensibilidad vocacional el vínculo esencial existente entre el Santísimo Sacramento de la Eucaristía y la naturaleza y razón de ser del Sacramento del Orden. El lavatorio de los pies añade un gesto simbólico, lleno de expresividad para el hombre de cualquier época; pero, muy especialmente, para la nuestra” (…) “Es la enseñanza plástica de la actitud de servicio y de humildad que tipifica el ser y el existir del cristiano en el mundo y en la historia y, muy específicamente, del sacerdote. Por parte del Señor manifiesta la caridad total de quien va a dar su vida por todos, poniéndose a los pies de los discípulos, quitándose el manto, y sabiendo que al día siguiente va a ser despojado de sus vestiduras para entregar su vida en la cruz para la salvación del mundo”.

Recuerda que “la celebración de la Pasión del Señor del Viernes Santo gira toda ella en torno al Misterio de la Cruz. La Cruz de las Jornadas Mundiales de la Juventud, que ha peregrinado por nuestras calles y visitado nuestras parroquias, templos y monasterios, nos ha deparado una excepcional oportunidad para una renovada y reencontrada vivencia del Viernes Santo en su significado más universal como el día de la redención del género humano”. Para el Cardenal, “adorar y besar la cruz en el Viernes Santo es manifestar nuestra alegría por sentirnos salvados por el Crucificado. La adoración de la cruz adquiere pleno sentido y expresividad ritual después de haber escuchado y orado el relato de la Pasión y de haber orado por las intenciones universales que la Iglesia Católica, Madre universal, nos propone; y por las que ofrece el sacrificio de Cristo y su sangre derramada por todos”.
El Sábado Santo, prosigue, “la Iglesia sigue orando y esperando junto al sepulcro. Es día de silencio, pero no de vacío; día de acompañamiento a la Madre Dolorosa, sabiendo que el Señor va a triunfar y resucitar”. Y “la Vigilia Pascual se comienza y configura como una noche de vela en honor del Señor y como la puesta en acto, grandiosa y profunda, de toda la historia de la salvación, en una bellísima celebración, fuente de toda celebración litúrgica, que nos conduce al Domingo de la Pascua del Señor Resucitado: ¡el gran Domingo del Año! ¡la Fiesta de todas las Fiestas!”.

Recordando que “la Pascua es proclamación del reinado del Cordero, obediente, degollado, triunfante y adorado. El día en que actuó el Señor, el Domingo del ‘aleluya’”, concluye manifestando su deseo de “una feliz y santa Pascua de Resurrección”.

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