Mie 10 Mar 2010
“San Vicente de Paúl y Santa Luisa de Marillac vivieron la espiritualidad del amor de Dios de una forma muy creativa, a …
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Madrid, Infomadrid, 9-3-2010.- La Familia Vicenciana ha celebrado este fin de semana un Congreso con motivo del 350 aniversario de la muerte de San Vicente de Paúl y Santa Luisa de Marillac. El Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio Mª Rouco Varela, presidió el pasado domingo la clausura del encuentro con una solemne Eucaristía. En su homilía, manifestó su alegría por “presidir esta celebración con la que se concluye este congreso que conmemora el 350 aniversario de la muerte de San Vicente de Paúl y de Santa Luisa de Marillac”.
Haciendo un repaso por la vida de ambos santos, explicó que “el ayer de San Vicente de Paúl y Santa Luisa de Marillac se sitúa cuando el Estado comenzaba a ser poderoso, victorioso, y en Europa se desplegaba un mapa de Estados. El poder del Estado comenzaba a regular muchas tareas del hombre. Pero estaba muy lejos del Estado moderno que hoy conocemos. El Estado llegaba a bastantes situaciones, pero no a todas, y menos a las que estaban señaladas por el signo de la pobreza del hombre”.
En ese contexto, dijo, San Vicente de Paúl y Santa Luisa de Marillac siguieron “la línea de espiritualidad que iba a vivir y a ahondar muy fecundamente San Francisco de Sales. Es el primero que habla de una manera clara de que la santidad es la vocación de todo cristiano; pero que la forma de vivir la santidad es variada, según la forma de vivir, aunque con una nota común: el amor de Cristo y el encuentro con Cristo, que muere por nosotros y nos salva”. “San Vicente de Paúl y Santa Luisa de Marillac vivieron esa espiritualidad del amor de Dios, sin límites, de una forma muy creativa y enriquecedora del ejercicio de la misión a través del mandamiento de la caridad. Ellos cambiaron aquella Francia, apoyados en la espiritualidad de maestros. Cuando ellos se mueren, el rostro de Europa era otro”.
Ambos, dijo, aplicaron el Concilio de Trento. “Habían encontrado ese corazón del Concilio que es la justificación del hombre que se salva bañado por la resurrección de Cristo. Además, se salva de verdad, porque todo su ser puede ser instrumento de gracia y de salvación. Una espiritualidad optimista: hay salvación porque hay amor, porque la muerte va a ser vencida”.
También en los tiempos actuales, señaló, hay pobres, “muchos hombres en paro, muchos hombres enfermos… Hay pobres que se suicidan. Es un mundo distinto, pero la pobreza sigue ahí. Y la llamada de estos dos santos en el fondo es la misma: ‘acercaos al corazón de Cristo y sabréis amar’. Amar de una forma fecunda para nuestro tiempo, para los pobres de nuestro tiempo”. Por ello, invitó a “hacer de la caridad algo universal. Hay que hacerlo desde esa hondura de la espiritualidad cristológica, con el corazón de Jesucristo que tanto les cambió sus vidas. De forma renovadora. La espiritualidad de San Vicente de Paúl y Santa Luisa de Marillac ha encontrado un eco bellísimo y renovador en el magisterio de Benedicto XVI”, afirmó, haciendo referencia a la encíclica ‘Caritas in veritate’..
Exhortando a los presentes a “renovar nuestra mirada en este tiempo de cuaresma”, invitó a “aprovecharnos de ese perdón misericordioso de Dios”, procurando “que dé frutos de caridad y de amor, frutos de salvación del hombre, de amor a los pobres”.
Dos siglos después de San Vicente de Paúl y Santa Luisa de Marillac “la Virgen se acerca a la Iglesia a través de la medalla milagrosa, de la que proceden milagros de amor y de salud. A través de Santa Catalina Labouré, la Virgen, que anunciaba la verdad de su Inmaculada Concepción, volvía a inyectar espíritu de Dios por toda la Iglesia”.
Afirmando que “para acercarnos al corazón de Jesús necesitamos de la mano de María, de su corazón de madre”, recordó que “Benedicto XVI dice que la prueba del verdadero amor es que aquel que es tratado o ayudado con obras de caridad, se siente amado, tan amado que tome conciencia que puede ser protagonista activo. Eso necesitamos: que los jóvenes de nuestro tiempo se sientan protagonistas activos del verdadero amor”, concluyó.