Madrid, Infomadrid, 30-3-2010.- Con motivo del inicio del Triduo Pascual, el Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio Mª Rouco Varela, ha hecho público un texto en el que invita a sus diocesanos a vivir con provecho el Santo Triduo Pascual que “ocupa el lugar de preferencia entre todas las solemnidades del año litúrgico. En la Pascua del Señor, centro de toda la Historia de la Salvación, celebramos la muerte y resurrección de Cristo, momento culminante de su obra salvadora. Es el paso del pecado y de la muerte derrotada a la victoria del amor misericordioso y de la vida nueva en gracia y santidad. En la renovación de las promesas bautismales se actualizará aquella hora en la que cada uno de nosotros fuimos incorporados al Misterio de la nueva y definitiva Pascua de Cristo Resucitado”.

Explica que “las celebraciones del Triduo Pascual son ritos especiales, singulares, sencillos y solemnes a la vez, con un desarrollo propio de riquísimo contenido teológico, que exige una preparación catequética y ritual para que todos los signos y símbolos, palabras, cantos y silencio tengan verdad y expresividad litúrgica”.

“La celebración del sacramento de la penitencia antes de comenzar el Triduo Pascual nos descubre con una inequívoca nitidez doctrinal y espiritual el sentido bautismal y eclesial, propio del sacramento de la reconciliación y que la tradición y la praxis canónica y pastoral de la Iglesia ha reflejado siempre en ‘el precepto pascual’. La celebración de este sacramento –“la segunda tabla de salvación” para los Padres de la Iglesia– no debiera de faltar en nuestra programación pastoral”, señala.

“La Misa vespertina de la Cena del Señor inaugura el Santo Triduo Pascual. Es la celebración del memorial de la institución del Sacramento de la Eucaristía y del Sacerdocio ministerial. En este año, ‘Año Sacerdotal’, debe de ponerse de relieve con cuidada sensibilidad vocacional el vínculo esencial existente entre el Santísimo Sacramento de la Eucaristía y la naturaleza y razón de ser del Sacramento del Orden. El lavatorio de los pies añade un gesto simbólico, lleno de expresividad para el hombre de cualquier época; pero, muy especialmente, para la nuestra” (…) “Es la enseñanza plástica de la actitud de servicio y de humildad que tipifica el ser y el existir del cristiano en el mundo y en la historia y, muy específicamente, del sacerdote. Por parte del Señor manifiesta la caridad total de quien va a dar su vida por todos, poniéndose a los pies de los discípulos, quitándose el manto, y sabiendo que al día siguiente va a ser despojado de sus vestiduras para entregar su vida en la cruz para la salvación del mundo”.

Recuerda que “la celebración de la Pasión del Señor del Viernes Santo gira toda ella en torno al Misterio de la Cruz. La Cruz de las Jornadas Mundiales de la Juventud, que ha peregrinado por nuestras calles y visitado nuestras parroquias, templos y monasterios, nos ha deparado una excepcional oportunidad para una renovada y reencontrada vivencia del Viernes Santo en su significado más universal como el día de la redención del género humano”. Para el Cardenal, “adorar y besar la cruz en el Viernes Santo es manifestar nuestra alegría por sentirnos salvados por el Crucificado. La adoración de la cruz adquiere pleno sentido y expresividad ritual después de haber escuchado y orado el relato de la Pasión y de haber orado por las intenciones universales que la Iglesia Católica, Madre universal, nos propone; y por las que ofrece el sacrificio de Cristo y su sangre derramada por todos”.
El Sábado Santo, prosigue, “la Iglesia sigue orando y esperando junto al sepulcro. Es día de silencio, pero no de vacío; día de acompañamiento a la Madre Dolorosa, sabiendo que el Señor va a triunfar y resucitar”. Y “la Vigilia Pascual se comienza y configura como una noche de vela en honor del Señor y como la puesta en acto, grandiosa y profunda, de toda la historia de la salvación, en una bellísima celebración, fuente de toda celebración litúrgica, que nos conduce al Domingo de la Pascua del Señor Resucitado: ¡el gran Domingo del Año! ¡la Fiesta de todas las Fiestas!”.

Recordando que “la Pascua es proclamación del reinado del Cordero, obediente, degollado, triunfante y adorado. El día en que actuó el Señor, el Domingo del ‘aleluya’”, concluye manifestando su deseo de “una feliz y santa Pascua de Resurrección”.

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