Madrid, Infomadrid, 30-3-2010.- En su habitual intervención en el Informativo diocesano de la Cadena COPE, el Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio Mª Rouco Varela, habló el pasado domingo de la Jornada Mundial de la Juventud, que en ese día se celebraba en Roma, con los jóvenes reunidos en torno al Santo Padre, y en las distintas diócesis de todo el mundo. Recordó que la “genial intuición de Juan Pablo II con respecto a la Pastoral de los jóvenes, que llevó a la Jornada Mundial de la Juventud, la vio él a la luz de la entrada de Jesucristo en Jerusalén el Domingo de Ramos, de forma que quedó este día como el de los jóvenes en la Iglesia. En el año 1985 comenzaba esa historia de las Jornadas Mundiales de la Juventud, que con los años de su celebración internacional en un lugar de la Iglesia universal adquirió un peso y un atractivo eclesial y cristiano tan grande y tan formidable en relación con los jóvenes y con toda la opinión pública mundial”. En este sentido, señaló que “este año celebramos el vigésimo quinto aniversario de la primera JMJ, que Juan Pablo II quiso acompañar con una bellísima carta comentando el diálogo de Jesús con el joven bueno que buscaba al maestro bueno y le preguntaba qué tenía que hacer para conseguir la vida eterna. Benedicto XVI lo ha subrayado también este año con una bellísima carta en la que alude a la escrita por Juan Pablo II, y la comenta con la profundidad teológica -esa sensibilidad espiritual tan cordial que le caracteriza, y con ese hálito de esperanza, de ilusión pastoral para con los jóvenes, que también acompaña el hacer del Papa en su tarea pastoral de guiar a los jóvenes de la Iglesia y del mundo”.
La carta de Benedicto XVI que actualiza la de Juan Pablo II tiene, para el Cardenal, “un doble aspecto. El encuentro de Jesús con el joven: el joven busca a Jesús, Jesús busca al joven. El joven quiere saber de Jesús cómo se llega a la vida, y Jesús le dice que a través de un camino que marcan los mandamientos. Pero no basta, tienes que dejarlo todo y seguirle a Él, identificarte con Él. Con la Cruz de la JMJ delante, habiendo peregrinado por toda la diócesis de Madrid, y continuando por Alcalá, Getafe y las demás diócesis de España, decir eso es seguir a Jesús con la Cruz, y para que los frutos del amor de Cristo en la Cruz lleguen en forma de conversión transformadora al corazón de los jóvenes y al corazón de todos los hombres de nuestro tiempo”.
La Cruz de la JMJ también estará presente en el Vía Crucis que se celebrará mañana en la Plaza de Oriente de Madrid, y que estará presidido por el Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio Mª Rouco Varela. “Ese Vía Crucis en la Plaza de Oriente, que hace ya casi una década que hemos iniciado para dar el pórtico espiritual debido a la Semana Santa madrileña, sobre todo a la que se celebra en el ámbito de la gran liturgia de la Pascua, con el triduo sacro, este año va a estar presidido por la Cruz de la JMJ, que nos traerán desde la Iglesia Arzobispal Castrense los jóvenes de las Fuerzas Armadas, con su arzobispo. Después del Vía Crucis se la entregaremos a los jóvenes de Getafe”, explicó. Para el Cardenal, “esa entrega de la Cruz tiene mucha fuerza simbólica, pues es como decir: os entregamos a Cristo, para que se lo mostréis a los demás; al Cristo que os ama y ha demostrado su amor muriendo en la Cruz. Sabiendo también, con esperanza cierta, que ese amor triunfa, como veremos en la noche del sábado al domingo. Cristo glorificado, amor que se derrama infinitamente en el corazón del hombre. Recordar esto en este año es muy bueno, porque nos hace ver la Cruz y el testimonio del amor de Cristo a los hombres. Dios nos envía al hijo por nuestros pecados, sufriendo toda su humanidad. El pecado del hombre era tremendo, y más después de haberse sabido amados por Él, pertenecientes a Él como miembro de la Iglesia. Pero uno se puede convertir, el amor de Cristo lo cambia todo. Hay que decírselo a los jóvenes, que andan en caminos que no son de vida verdadera y que necesitan muchísimo de la cercanía de Cristo, de nuestra cercanía –la de los sacerdotes, de sus padres, de sus educadores… de toda la sociedad-; por lo menos que no lo impida la sociedad, para que la cercanía de Cristo les lleve por los caminos de la verdadera vida”.
En referencia a la Semana Santa, dijo que “se celebra en lo más hondo de su significado y de su eficacia santificadora en la liturgia de la Iglesia del triduo Pascual. Primero en la Misa Crismal; después, con la Misa del Jueves Santo, la adoración al Santísimo; el Viernes Santo con la gran liturgia de la Cruz y de la muerte de Cristo; la Vigilia Pascual, de los nuevos bautismos, de las confirmaciones, de la renovación de ese momento inicial de nuestra vida en que fuimos miembros del cuerpo de Cristo y nos convertimos en hombres nuevos. Luego, el gran grito de júbilo del Aleluya del Domingo de Resurrección. Esa liturgia encuentra en España un eco formidable en las devociones populares de la Semana Santa, llevando bellísimos pasos a Cristo por las calles de nuestras ciudades. Madrid es la tercera ciudad en la que participa el mayor número de fieles y de personas en los desfiles de la Semana Santa popular. Ese eco demuestra la sensibilidad tan grande que la Iglesia ha conseguido inculcar en sus fieles, hasta hoy mismo. Es preciso que la mantengamos viva, muy viva y muy fecunda, ahora y para el futuro”, concluyó.
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