Mar 16 Mar 2010
Todos los miembros de la Iglesia tienen la responsabilidad de cuidar de las vocaciones sacerdotales
Archivado en: Noticias de la Iglesia
Madrid, Infomadrid, 15-3-2010.- En su habitual alocución en el informativo diocesano de la cadena COPE, el Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio Mª Rouco Varela, ha explicado que “la cercanía de la solemnidad de San José nos evoca la tradicional celebración del “Día del Seminario”. La Iglesia en Madrid se siente convocada una vez más a conocer a sus seminaristas, su proceso de formación y su vida en el Seminario; a orar por ellos y a colaborar con generosidad en sus necesidades. Experimentar y sentir, queridos hermanos, vuestra cercanía y solidaridad es, para ellos, toda una fuente de estímulos para seguir respondiendo con fidelidad a la llamada del Señor”.
“En el presente curso cerca de doscientos seminaristas integran nuestros dos Seminarios diocesanos: el Conciliar de la Inmaculada y San Dámaso, y el misionero “Redemptoris Mater”. En cada uno de sus rostros se refleja la alegría del encuentro con Cristo en el camino de la vida por haber experimentado la iniciativa sorprendente de su elección, por pura gracia, sin mérito alguno”, afirmó.
“¡Cómo no agradecer al Señor este regalo de candidatos al sacerdocio numéricamente tan significativo! ¡Cómo no alegrarnos por la fecundidad vocacional de tantas comunidades y movimientos cristianos, fruto de su fervor y fidelidad al Señor en la comunión de la Iglesia! Con nuestra alegre gratitud, sin embargo, deben movilizarse las mejores disposiciones para manifestar la estima y el cuidado a los futuros sacerdotes, esperanza de futuro para la Iglesia madrileña”. En este sentido, recordó que “el “Día del Seminario” debe ayudar a los fieles cristianos a generar la conciencia viva y eficaz de que todos los miembros de la Iglesia tienen la responsabilidad de cuidar de las vocaciones sacerdotales: de las que ya se forman en el Seminario y de aquellas que, inscritas desde siempre en el corazón de Cristo, necesitan ámbitos de verdadera y fervorosa vida cristiana para aflorar y arraigar en el alma de nuestros jóvenes”.
Haciendo alusión al Año Jubilar Sacerdotal convocado por el Santo Padre, destacó la figura del Santo Cura de Ars, afirmando que “para nuestros futuros sacerdotes no cabe un ejemplo más preclaro y luminoso para crecer en identidad sacerdotal: salvadas las circunstancias de lugar y de tiempo, San Juan Mª Vianney muestra una transparencia admirable de la caridad del Buen Pastor, entregado totalmente al amor de Cristo y, en consecuencia, expropiado totalmente de sí mismo para el servicio ministerial de sus hermanos. No hay fisuras ni estériles distinciones en su consagración: por ser de Cristo es para los hombres, y su ser sacerdotal unifica y recrea toda su existencia, ciertamente limitada, pero fecunda y enaltecida por la extraordinaria grandeza de la vocación recibida”.
“Un rasgo singular de la dedicación pastoral del Santo Cura de Ars, prosiguió, fue su celo por anunciar y administrar la misericordia del Señor”. Y es que, apuntó, “la caridad de Cristo sigue urgiendo a todo sacerdote a ejercer el ministerio de la misericordia, experimentada personalmente y ofrecida, como San Juan Mª Vianney, en la entrega sacrificada e incansable a la predicación del Evangelio, al sacramento de la Reconciliación, a la dirección de las conciencias, a la atención a los enfermos y a los pobres, a la acogida personal de todo el que busca el consuelo de Dios… El lema que preside el Día del Seminario – “El sacerdote, testigo de la misericordia de Dios” – desea, sin duda, reflejar el estilo sacerdotal del Cura de Ars, y apunta el celo y la pasión por las almas que debe colmar el corazón de los futuros pastores”.
Sin embargo, señaló, el actual número de seminaristas “no puede hacernos ignorar el estiaje vocacional que afecta a tantas iglesias hermanas, hondamente afectadas por la falta de relevo sacerdotal, y seriamente preocupadas por el inmediato futuro pastoral. También nosotros vamos percibiendo la falta de sacerdotes jóvenes capaces de testimoniar el amor de Cristo y ofrecer con vigor apostólico la palabra viva del Evangelio a una diócesis tan poblada y necesitada de Dios como la de Madrid”.
Por ello, invitó a los sacerdotes a ofrecer “el testimonio luminoso y feliz de la entrega sacerdotal a las nuevas generaciones de jóvenes cristianos. ¡Quiera Dios que la oración de las comunidades diocesanas y el empeño pastoral de los presbíteros susciten, cada año y en cada arciprestazgo, un nuevo seminarista que asegure la renovación pastoral de nuestro presbiterio!”. Recordó que las familias, “como ‘iglesias domésticas’, son el ámbito natural cuyas condiciones favorables de vida deben propiciar el nacimiento y cuidado de la llamada del Señor”, añadiendo que “las serias dificultades que hoy afectan a la familia cristiana urgen la necesidad de subrayar en la educación de los hijos cómo la vida de toda persona alcanza su plenitud en el don de sí mismo”. Por ello, invitó “a todas las familias cristianas a implorar al Señor el don de un hijo sacerdote, cuidándolo y acompañándolo con la generosidad y gratitud del que recibe una bendición de Dios. No importan la edad ni el momento, porque el Señor elige a los que ama y llama cuando quiere: también a los niños y adolescentes”.
También manifestó su deseo de “que la atención por la pastoral vocacional alcance a toda la comunidad diocesana: catequistas, profesores y educadores; parroquias, movimientos y colegios cristianos, facilitando la escucha de la llamada del Señor. ¡Que no se malogre ninguna vocación por la desidia, el escepticismo o la falta de coherencia cristiana de los mayores! Mostremos, además, el afecto y la solidaridad hacia nuestros seminaristas con la oración, la cercanía, y la generosidad de la ayuda económica, necesaria para sufragar los gastos de sus años de formación”.
Concluyó pidiendo a la Virgen que renueve en los seminaristas “la disponibilidad de la esclava del Señor para su entrega total y para siempre a la misión que les encomienda su Hijo Jesucristo”.