Mie 2 Jun 2010
Madrid, Infomadrid, 1-6-2010.- En su intervención en el Informativo diocesano de la Cadena COPE del pasado domingo, el Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio Mª Rouco Varela, habló del Congreso Eucarístico que se ha celebrado en Toledo, y en cuya Misa de clausura iba a participar. Explicó que un Congreso Eucarístico Nacional “es un momento de reflexión y de oración. Durante el siglo XIX, el ambiente de fervor eucarístico que quiere cultivarse, sobre todo en torno a la devoción al Corazón de Jesús, se impulsa de una forma muy intensa en el pontificado de León XIII, y se va convirtiendo en un instrumento muy rico para renovar a la Iglesia en la comprensión, en la vivencia, en la piedad y en la sensibilidad y espiritualidad eucarística. Los Congresos Eucarísticos se desarrollan bajo un doble formato: el Congreso Eucarístico Internacional que tuvimos en Sevilla en 1993, y los nacionales. El penúltimo lo celebramos en Santiago de Compostela en el año 1999, y tuve el honor de presidirlo como Legado Pontificio. Y ese año lo estamos celebrando en Toledo. La CEE quiso sumarse, en su plan de acción pastoral de los últimos cinco años, a la iniciativa de Juan Pablo II, el último año de su peregrinación por este mundo, de renovar a través de un Sínodo de los Obispos la fe y la devoción a la Eucaristía. Recordamos la convocatoria, y sus dos últimos documentos: una encíclica y unas normas de desarrollo práctico. El Papa Benedicto XVI nos ofreció a la Iglesia, a partir de las propuestas de los padres sinodales, una exhortación bellísima donde destaca la dimensión de la caridad: la Iglesia eucarísticamente viviendo la caridad. Una fórmula de presentar la espiritualidad eucarística que conecta muy bien con la forma y el modo de celebrar, en España, el Corpus, día de la caridad, que brota, nace, de manera limpia y fecunda, de la celebración eucarística”.
Hizo referencia a su homilía pronunciada en la celebración de Vísperas que presidió con motivo de la inauguración del Congreso Eucarístico de Toledo, y en la que habló de los presbíteros. “A los sacerdotes se les puede ver a través de sus pecados, a veces grandes y escandalosos; pero a la Iglesia se la puede y se la debe ver a través de esa procesión interminable e inmensa de sacerdotes santos, que, anónimamente, han presentado a los fieles y a toda la comunidad cristiana la vida y la figura del Señor, como otros Cristos que son. Y esa imagen al final es la que queda, para los sacerdotes mismos, como modelo de lo que tienen que ser y como objetivo al que tienen que tender, el de la santidad sacerdotal, y que hará también de faro luminoso para todos los fieles y toda la Iglesia, que les muestre el camino verdadero, que les lleve al encuentro verdadero con el Señor y la salvación. En definitiva, para que vuelvan a ser alegres, y superen las decepciones, descontentos y escepticismos de los que están tocados nuestros tiempos”.
En referencia a la celebración del Corpus Christi, el próximo domingo, dijo que “en esta fiesta, la Iglesia vive el fruto de la Pascua, a través del sacramento que la perpetúa y la actualiza para siempre. La Pascua es el paso de Jesús por la Cruz hacia la gloria del Padre y, con su encuentro, envía al mundo el Espíritu de una efusión desbordante y prodigiosa, que se hace visible a través del sacramento de la Eucaristía. La importancia del sacramento de la Eucaristía para el sacerdote es constitutiva: sin sacerdote no hay Eucaristía, y sin Eucaristía no hay Iglesia. Pero también podemos decir que sin sacerdote y sin Eucaristía, no hay fecundidad apostólica, no hay evangelización. Y tampoco hay salud para las realidades temporales. Eso se olvida, y las consecuencias son crisis demográfica, económica…; la punta del iceberg que nace de esa ruptura del alma y de la persona con la caridad de Cristo, y que terminan rompiendo las relaciones humanas, y creando crisis gravísimas”, concluyó.