Archivo de Enero, 2012

En aquel tiempo, Jesús pasó de nuevo en la barca a la otra orilla y se aglomeró junto a Él mucha gente; Él estaba a la orilla del mar. Llega uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verle, cae a sus pies, y le suplica con insistencia diciendo: «Mi hija está a punto de morir; ven, impón tus manos sobre ella, para que se salve y viva». Y se fue con él. Le seguía un gran gentío que le oprimía.

Entonces, una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años, y que había sufrido mucho con muchos médicos y había gastado todos sus bienes sin provecho alguno, antes bien, yendo a peor, habiendo oído lo que se decía de Jesús, se acercó por detrás entre la gente y tocó su manto. Pues decía: «Si logro tocar aunque sólo sea sus vestidos, me salvaré». Inmediatamente se le secó la fuente de sangre y sintió en su cuerpo que quedaba sana del mal. Al instante, Jesús, dándose cuenta de la fuerza que había salido de Él, se volvió entre la gente y decía: «¿Quién me ha tocado los vestidos?». Sus discípulos le contestaron: «Estás viendo que la gente te oprime y preguntas: ‘¿Quién me ha tocado?’». Pero Él miraba a su alrededor para descubrir a la que lo había hecho. Entonces, la mujer, viendo lo que le había sucedido, se acercó atemorizada y temblorosa, se postró ante Él y le contó toda la verdad. Él le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda curada de tu enfermedad».

Mientras estaba hablando llegan de la casa del jefe de la sinagoga unos diciendo: «Tu hija ha muerto; ¿a qué molestar ya al Maestro?». Jesús que oyó lo que habían dicho, dice al jefe de la sinagoga: «No temas; solamente ten fe». Y no permitió que nadie le acompañara, a no ser Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegan a la casa del jefe de la sinagoga y observa el alboroto, unos que lloraban y otros que daban grandes alaridos. Entra y les dice: «¿Por qué alborotáis y lloráis? La niña no ha muerto; está dormida». Y se burlaban de Él. Pero Él después de echar fuera a todos, toma consigo al padre de la niña, a la madre y a los suyos, y entra donde estaba la niña. Y tomando la mano de la niña, le dice: «Talitá kum», que quiere decir: «Muchacha, a ti te digo, levántate». La muchacha se levantó al instante y se puso a andar, pues tenía doce años. Quedaron fuera de sí, llenos de estupor. Y les insistió mucho en que nadie lo supiera; y les dijo que le dieran a ella de comer.

VALENCIA, 30 Ene. 12 (ACI/EWTN Noticias).- Clotilde Veniel tiene 99 años de edad y es considerada la “decana” de los voluntarios de Cáritas en la arquidiócesis española de Valencia. Con sus buenos años encima, aún visita a enfermos, los consuela y anima, dona alimentos y se encarga de recoger ropa para reciclarla.

BILBAO, 30 Ene. 12 (ACI/Europa Press).- El Obispo de San Sebastián (España), Mons. José Ignacio Munilla, se ha mostrado confiado en que la reforma de la Ley de Salud Sexual, Reproductiva e Interrupción Voluntaria del Embarazo (del aborto) prevista por el Gobierno de Mariano Rajoy, “no sea una mera operación de estética” sino que “tome muy en consideración” la sentencia del Tribunal Constitucional de 1985 “en la que se reconoce el derecho a la vida”.

BILBAO, 30 Ene. 12 (ACI/Europa Press).- El Obispo de Bilbao, Mons. Mario Iceta, critica que la enseñanza religiosa se “vea sometida a presiones para excluirla del ámbito educativo público” y ha afirmado que las instituciones y los centros educativos deben “velar para que la legalidad sea respetada” para que las familias puedan elegir la educación “conforme a sus convicciones”

BARCELONA, 30 Ene. 12 (ACI/EWTN Noticias).- Un grupo de abortistas agredió e insultó a los cientos de participantes de una marcha pro-vida en Barcelona (España) el pasado 25 de enero en la habitual protesta por la realización de abortos en hospitales vinculados a la Iglesia Católica en Cataluña.

Roma, 30 (NE – eclesiales.org) Al dirigirse a los peregrinos congregados en la Plaza San Pedro para la oración del Angelus, el Papa Benedicto XVI reflexionó sobre la autoridad, destacando que es sobre todo servicio. En su breve reflexión el Pontífice destacó que, a menudo, la autoridad significa para el hombre “poder, dominio, éxito”. En cambio, “para Dios la autoridad significa servicio, humildad, amor; significa entrar en la lógica de Jesús que se inclina a lavar los pies de los discípulos, que busca el verdadero bien del hombre, que cura las heridas, que es capaz de un amor tan grande como para dar la vida, porque es el Amor. (…) Invoquemos con fe a María Santísima para que guíe nuestros corazones hacia la misericordia divina, que libera y sana nuestra humanidad, colmándola de gracia y benevolencia con la potencia del amor”.