El santo del día


Llamado Teóforo “el que lleva a Dios”, probablemente fue un converso, discípulo de San Juan Evangelista. Luego, por orden de San Pedro y San Pablo, sucedió a San Evodio como Obispo de Antioquía por cerca de cuarenta años, siendo un pastor ejemplar.

La paz que gozaron los cristianos al morir Domiciano duró muy poco y bajo Trajano se reanudó nuevamente la persecución. Rápidamente, el obispo fue capturado y luego de proclamar su fe en Cristo, fue condenado a ser devorado por las fieras en las fiestas populares en Roma.

Las numerosas paradas durante su penoso viaje dieron oportunidad al santo de confirmar en la fe a las iglesias cercanas a la costa de Asia Menor, así como también escribir cuatro cartas: a los Efesios, a quienes exhortaba a seguir luchando por la fe en Jesús nuestro Señor; a las iglesias de Magnesia y Tralles; a los cristianos a Roma y a San Policarpo, a quien también exhorta a seguir trabajando por Cristo.

Al llegar a Roma, y antes de ser conducido al anfiteatro, rezó junto con sus hermanos por la Iglesia, por el fin de la persecución y por la caridad y concordia entre los fieles.

Algo típico en los cristianos es la gran devoción a la Virgen María. Ninguno de nosotros puede prescindir de su intercesión para desarrollar nuestra vida espiritual como respuesta al Amor de Dios. En el Venerable Padre Luis Variara la situación se dio igual.

Nació el 15 de enero de 1875 en la ciudad de Viarigi (provincia de Asti, Italia).

En el año de 1887, el 1 de octubre, ingresó en el Oratorio Salesiano de Valdocco (Turín), en donde afortunadamente pudo conocer en sus últimos meses de vida a Don Bosco (quien moriría el 31 de enero de 1888).

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Se ordenó salesiano y fue enviado a Colombia, teniendo como principal actividad el leprosario de Agua de Dios. Como muestra especial de su amor a los leprosos fundó la Congregación de las “Hijas de los Sagrados Corazones de Jesús y María”.

Muere en Cúcuta (Colombia) el 1 de febrero de 1923, a los 48 años de edad.

. En su familia

Una familia profundamente cristiana, hizo que la devoción de Luis por la Virgen María creciera cada día más. El Padre Luigi Castano en una anotación dice: “era una de aquellas casas a la antigua, en que reina el temor de Dios, donde la Virgen es Madre y Reina…” (L. Castano, Un grande cuore…, [Torino: Ed. SEI 1964] p. 12).

Las palabras del padre de Luis, cuando éste se iba al oratorio de Valdocco, confirman la devoción: “Pórtate bien, estudia y encomiéndate a la Virgen; quizás un día llegues a ser sacerdote”. La respuesta de Luis fue que no se sentía llamado al sacerdocio, por lo que su padre le dijo: “Tú pórtate bien y reza a la Virgen: Ella proveerá lo que sea mejor para ti”. En ese momento el padre confió a su hijo al cuidado y protección de la Virgen, de una manera sencilla pero a la vez convencida.

.En la escuela de Don Bosco

“Nadie podrá valorar nunca adecuadamente cuánto influyó en su maduración espiritual el santuario de María Auxiliadora, con toda su historia de gracias y milagros, con el esplendor de sus ceremonias, el encanto de sus ejecuciones musicales, en que él participaba activamente; el ritmo continuo de peregrinaciones, especialmente en el mes de María… Ese fervor de vida y de culto en torno al altar de la Virgen traían a su mente la inscripción que Don Bosco había visto en sueños: “Esta es mi casa: de aquí saldrá mi gloria”. También él, un día, llevaría por el mundo el nombre y la gloria de la augusta Reina que aparecía gloriosa entre los Apóstoles en el cuadro de Lorenzone (tras el altar mayor del santuario)”.

El Padre Castano nos habla de esa gran devoción que Luis le tenía a María Auxiliadora, devoción mariana que se acrecentó durante el tiempo que estuvo en el oratorio de Valdocco.

El tiempo sucesivo que Luis pasó en el noviciado, fue un tiempo de conversión. Luis en su diario, escrito en Valsálice, escribe: “No descansaré nunca, nunca, hasta haber conseguido un amor muy profundo hacia mi Madre, María Santísima”. Scavone dijo que recibió de Luis un gran mensaje: “Si quieres amar verdaderamente al Sagrado Corazón, ama tiernamente a su Mamá: no hay otro camino. Confianza en la Mamá como la de un niño con su mamá”.

.Su vocación misionera

Luis deseaba de corazón vivir el servicio con los leprosos en Colombia, y su deseo fue atendido por la Virgen: “Estaba por iniciar el mes de María Auxiliadora; el 23 de Abril, con otros compañeros, quedé encargado de preparar el altar de la Virgen para el comienzo del mes. Habiendo sentido muy fuerte el deseo de ser misionero, me entusiasmaron tanto las cosas que se contaban de los que habían partido para América, que, terminado el arreglo del altar, escribí de prisa sobre un trozo de papel mi deseo de marchar a Colombia y le pedí esta gracia a la Virgen. Puse el papel junto al corazón de la Virgen (entre la Virgen y el Niño) y me dispuse a esperar con una fe y confianza grandísimas: mi oración fue escuchada”. Poco tiempo después fue elegido entre 188 compañeros para ir a Colombia, y él nunca dudó en afirmar: “Esta gracia la he atribuido siempre a María Auxiliadora”.

.Al comienzo de su misión

El 29 de mayo de 1894 partió de Italia rumbo a Colombia, llegando el 6 de agosto del mismo año. Con él viajaron el Padre Unia y la Virgen, ya que hubo una estatua de María Auxiliadora, la cual fue colocada en un pedestal en la plaza de la Iglesia Parroquial de Agua de Dios. Durante la bendición del monumento, el 8 de setiembre, Luis cantó por primera vez en público la melodía popular: “Sei pura, sei pia, sei bella, Maria”.

Muchos años después comentaría este acontecimiento escribiendo: “Creí entonces que, a pesar de este éxito, no podría continuar por ese camino, vistas las dificultades para la música instrumental. ¡No sabía yo cuántas bendiciones iba a derramar sobre mí la Madre del cielo!”.

Luis tuvo un momento cumbre en su vida, el 24 de abril de 1898, en su ordenación sacerdotal, en Bogotá. Así concluyó su preparación a la vida sacerdotal acogida, por intercesión de María Auxiliadora, en el oratorio de Valdocco.

.Entre dificultades y contrastes

En su vida encontró grandes dificultades, como en el año 1901 para construir la Casa “Don Miguel Unia”, pero se entregó fielmente a la Virgen escribiendo: “Ahora más que nunca tengo confianza en el éxito de esta obra. María Auxiliadora me ayudará”; “Tengo dinero sólo para pagar una semana; después… ya pensará María Auxiliadora, pues la obra está en sus manos”. En los momentos dolorosos el Padre Variara entregó su devoción a la Virgen, encontrando así la serenidad y confianza en Dios para continuar su misión.

En los grandes obstáculos encontrados para fundar la Congregación de la Hijas de los Sagrados Corazones, el Padre Variara actuó de la misma forma que las otras veces, al momento de tener que alejarse de Agua de Dios. De la misma manera actuó cuando se dijo que había contraído la lepra. “Algunos días -confesó- me asalta la desesperación, con pensamientos que me apresuro a alejar invocando a la Virgen”. Y a sus hijas espirituales, lejanas y sustraídas a su guía paterna, les escribe: “…Jesús será vuestra fuerza, y María Auxiliadora extenderá su manto sobre vosotras. ¡Ánimo!”. “No me hago ilusiones -escribía en otra ocasión-, todo lo dejo en manos de la Virgen”. “¡Qué sean benditos mil veces Jesús y María! Vivan siempre en nuestros corazones”.

.En la Congregación fundada por él

En la “Congregación de las Hijas del Sagrado Corazón de Jesús”, fundada el 7 de mayo de 1905, que luego en el año 1908 tomaría la denominación de “Congregación de las Hijas de los Sagrados Corazones de Jesús y María”, el Padre Variara tuvo una gran intervención mariana por lo que se lo podría considerar su fundador.

En la nueva Congregación, el Padre Variara supo infundir el amor a la Virgen, en particular a María Auxiliadora, la Virgen de Don Bosco y de la Familia Salesiana. Ya la Congregación había quedado muy vinculada a la Familia Salesiana, ya que su estilo de vida fue inspirado en las Constituciones, Reglamentos y manuales de las Hijas de María Auxiliadora, la segunda Congregación fundada por San Juan Bosco.

El Venerable Padre Luis Variara culminó su gran peregrinación en la tierra consumido por una enfermedad, pero a la vez con la gran convicción de haber realizado en este mundo la misión que el Señor le había confiado. Leemos en un testimonio que en los últimos días de su vida: “sufrió muchísimo, pero como un santo, sin dejar de invocar a Jesús y María”.

Desde el cielo el Padre Variara ha continuado su misión a favor de quienes sufren en el cuerpo y en el alma. Recordando su profunda devoción a María Auxiliadora, unamos nuestras oraciones y celebremos con júbilo su beatificación el 14 de abril del 2002.

Luis Talamoni nació en Monza el 2 de octubre de 1848, segundo de seis hijos de un modesto sombrerero. Frecuentó el oratorio del Carrobiolo, guiado por el barnabita Luis M. Villoresi, y fue uno de los primeros alumnos del instituto para los clérigos pobres fundado por el mismo padre.

Ordenado sacerdote el 4 de marzo de 1871 y licenciado en ciencias históricas y filosóficas, don Luis enseñó en el Colegio San Carlos de Milano, del 1875 hasta su muerte, en el Seminario de bachillerato de Monza.

Sus alumnos, entre los cuales el papa Pío XI, le veían como a un gran maestro, ejemplo de activa vida sacerdotal.

Su frecuente predicación fue siempre fructuosa, porque en su corazón tuvo mucho amor por Dios y por los hombres.

En la catedral de Monza confesó por mucho tiempo, cada día, por 50 años; fue un verdadero mártir del confesionario.

Siempre acogió con admirable paciencia a personas afligidas que pedían consejo, consuelo; sus bendiciones obtuvieron gracias del Señor.

Quiso mucho a los enfermos, especialmente a los más necesitados espiritualmente. Su caridad fue inmensa: era el hombre de todos.

La pública opinión siempre lo consideró como el mejor de los ciudadanos monzesi.

De 1893 a 1916 y aún en el 1923 don Talamoni participó en el Consejo municipal de Monza porque la población lo estimó y lo quiso; también los adversarios reconocieron su superioridad moral. A él estaba confiado el bien de los conciudadanos: fue realmente «Padre del pueblo».

Mons. Luis Talamoni vivió en tiempos muy difíciles por la situación de la nación y por las luchas de pensamiento: fue clara y fuerte su fe, su comunión con el Papa y con el Arzobispo.

Fue incansable en procurar los intereses de las almas y los cuerpos de sus hermanos, fruto de la caridad de este beato sacerdote es la Congregación Delle Suore Misericordine que continúan su obra de misericordia en la asistencia a los enfermos y privilegiar al hombre en situaciones de necesidad y malestar.

La vivísima, fama de santidad de Mons. Luis Talamoni, muerto el 31 de enero de 1926, ha llevado en el 1952 al inicio del proceso de canonización.

El día 11 de julio de 1992 el Santo Padre Giovanni Paolo II proclama oficialmente la Venerabilidad y el 12 de abril 2003 promulga el decreto de reconocimiento del milagro para la Beatificación.

FUENTE: www.vatican.va

En 1815 nació en Piamonte (Italia). A los dieciséis años, ingresó en el seminario de Chieri y era tan pobre, que debía mendigar para reunir el dinero y los vestidos indispensables. Después de haber recibido el diaconado, Juan Bosco pasó al seminario mayor de Turín y ahí empezó, con la aprobación de sus superiores, a reunir todos los domingos a un grupo de chiquillos abandonados de la ciudad en una especie de escuela y lugar de recreo al que llamó “Oratorio Festivo”.

El primer puesto que ocupó Don Bosco fue el de capellán auxiliar en una casa de refugio para muchachas, que había fundado la marquesa di Barola.

Tiempo después, acabó una escuela nocturna, y como el oratorio estaba lleno, abrió otros dos centros en otros tantos barrios de Turín. Por la misma época, empezó a dar alojamiento a los niños abandonados. Al poco tiempo, había ya cuarenta chicos, la mayoría aprendices, que vivían con Don Bosco y su madre en el barrio de Valdocco. Cayó pronto en la cuenta que todo el bien que hacía por sus chicos, se perdía con las malas influencias del exterior, y decidió construir sus propios talleres de aprendizaje. Los dos primeros fueron inaugurados en 1853. En 1856, había ya 150 internos, cuatro talleres, una imprenta, cuatro clases de latín y diez sacerdotes. Los externos eran 500. En diciembre de 1859, Don Bosco y sus 22 compañeros decidieron finalmente organizar la congregación, cuyas reglas habían sido aprobadas por Pío IX. Pero la aprobación definitiva no llegó sino hasta 15 años después. La orden creció rápidamente: en 1863 habían 39 salesianos, a la muerte del fundador eran ya 768. El siguiente paso de Don Bosco fue la fundación de una congregación femenina. La congregación quedó inaugurada en 1872, con la toma del hábito de 27 jóvenes a las que el santo llamó Hijas de Nuestra Señora, Auxilio de los Cristianos.

Don Bosco realizó uno de sus sueños al enviar sus primeros misioneros a la Patagonia. Poco a poco los salesianos se extendieron por toda América del Sur. Tenían 36 casas en el Nuevo Mundo y 38 en Europa.

Las instituciones salesianas en la actualidad comprenden escuelas primaria y segunda enseñanza, seminarios, escuelas para adultos, escuelas técnicas y de agricultura, talleres de imprenta y librería, hospitales, etc. sin omitir las misiones y el trabajo pastoral.

Don Bosco murió el 31 de enero de 1888. Su canonización tuvo lugar en 1934.

La Santa fue sometida a muchos tormentos y finalmente decapitada en Roma, bajo el emperador Alejandro (Severo 222-235).

Según algunos existía en Roma una capilla consagrada a Santa Martina, a la que los peregrinos acudían con gran devoción, en el siglo VII. Sus reliquias fueron descubiertas en una bóveda en ruinas de su antigua iglesia y que, en 1634, fueron trasladadas a la nueva iglesia que el Papa Urbano VIII había construido en su honor. Asimismo, compuso los himnos de Santa Martina para el breviario, y se dice que la ciudad de Roma la considera como una de sus patronas particulares.

A pesar de estas afirmaciones, la existencia histórica de Santa Martina es dudosa. Los documentos más antiguos dicen que fue martirizada en Roma, pero no hay ninguna tradición primitiva que mencione ese hecho.

La diócesis de Troyes lo venera como primer apóstol y mártir de la ciudad del mismo nombre. El santo nació en la isla de Samos; su conversión al cristianismo fue gracias a que leyó la Biblia, y luego se dirigió a Galia para predicar el Evangelio. Sin embargo, el emperador Aureliano ordenó su captura ante las numerosas conversiones de romanos y paganos por obra de San Sabiniano.

Tras una serie de incidentes milagrosos, como por ejemplo el de que el fuego no le consumió y que las flechas no le atravesaron, fue finalmente decaptiado por la espada.

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